¡DIOS Y PATRIA!

Share on facebook
Share on whatsapp
Share on twitter
Share on email
Share on linkedin

Para sumarle más agonías a este convulsionado país, entramos una vez más en época de protestas y paros. Hasta ahí todo bien, la protesta social, es un derecho de los colombianos, consagrado en la Constitución Política, y la protesta pacífica es prueba de un país democrático que respeta todas las formas de pensamiento político e ideológico; lo malo es que, una vez más, los colombianos de bien deben aguantarse las infiltraciones de delincuentes que, amparados en un derecho constitucional a la protesta, y tomando como excusa una desatinada reforma tributaria, sumado a un pésimo manejo político y mediático,  destrozan los bienes públicos de los colombianos, en una oleada de odio y resentimiento hacia el Estado y hacia quienes piensan diferente a ellos, generando numerosas muertes, pérdidas económicas y demás, que a la final, saldrán del bolsillo de los que sí pagan impuestos. Estas son cinco 5 consideraciones acerca de las protestas que incendian el país actualmente:

La reforma tributaria: a pesar de ser necesaria para amortiguar el gasto en que incurrió el Estado en el año 2020 producto de la pandemia, y en el que tocó destinar subsidios y otras medidas para garantizar la seguridad alimentaria y de servicios esenciales básicos a quienes no podían salir de su casa y generar ingresos, fue una propuesta que arrancó mal y terminó peor, además de que había medidas que afectaban no solo a la clase media, sino incluso a los grandes generadores de capital. Las voces no se hicieron esperar desde todos los partidos, incluso el partido de gobierno, pero la arrogancia que ha caracterizado a Duque desde el día 1 no se hizo esperar, y no hizo intentos de ajustar el texto, de buscar consensos, de escuchar las opiniones de amigos y detractores, y aun así pasó la polémica reforma al Congreso, poniendo en bandeja de plata la excusa perfecta a los marchantes (legítimos e infiltrados) para salir a las calles.

El odio irracional de la izquierda:  para ser un sector poblacional, que ondea las banderas del amor, la inclusión, el medio ambiente y demás, en muchos de los casos que se pueden apreciar en videos, fotos y comentarios por redes sociales, no se ve sino colectivos llenos de odio, que piden a gritos un país con más derechos, más inclusión, más oportunidades, pero solo si es el modelo de país que ellos tienen en mente, cualquiera que con respeto les refute un argumento, o evidencie ser uribista o de algún partido de derecha, podrá ser víctima de una ola de odio que va desde insultos hasta amenazas de muerte. No hay coherencia alguna entre lo que motivan sus marchas, y lo que vociferan como jauría de rabiosos. Para ellos es válido y legítimo escribir en las principales calles del país letreros con una posición ideológica marcada, atacando a sectores que son afines a un partido político, y en su imaginario, esto es arte y es un aporte a la construcción de paz; ellos creen ser dueños de la verdad absoluta, en su tergiversada versión de la historia del país.

Empatía 0%:  Por redes se ha visto cómo circulan mensajes pidiendo empatía con aquellos con menos suerte que otros. Pero no parecen aplicar ellos la misma empatía con aquellos que con mucho esfuerzo han conseguido cada logro, cada peso y cada cargo al que llegan; por el contrario, también generalizan a aquellos con éxito en sus profesiones, como si todos llegaran por rosca, palanca o por herencia, desconociendo que hay muchos que se esmeran y logran salir adelante. Piden empatía con la causa y con las peticiones que realizan, pero tienen cero empatía con la gente a la que le impiden desplazarse a su trabajo, transportar alimentos, combustible; también tienen cero empatía con esos comerciantes que, golpeados por el coletazo del COVID 19, les toca también cerrar sus locales y seguir sufriendo pérdidas económicas; por último, tienen cero empatía con los colombianos que con las vacunas veíamos la luz al final del túnel, pero que, producto de las protestas violentas y manifestaciones fuera de la ley, seguramente ocasionarán un pico más de la pandemia, que traerá más consecuencias en la economía, y muerte de nuestros seres queridos.

Los inútiles mantenidos:  es totalmente válido exigir más oportunidades, más atención en materia social, educación, apostarle a la cultura como forma de combatir la pobreza, todas esas son peticiones válidas, pero no nos metamos mentiras, dentro de los protestantes, también hay colados, un puñado de mantenidos buenos para nada, que quieren aprovechar exigencias legítimas de algunos sectores, para solucionar su gran problema: no sirven para nada, lo cual, termina siendo motivo para sembrar en su interior resentimiento, y ese resentimiento por su fracaso, los lleva a generar ese odio contra los que sí generan ingresos, pero principalmente contra el Estado, del cual asumen les ha fallado y les debe proporcionar todo, sin esfuerzo, de ahí nace la descabellada solicitud de una parte de los que protestan, de una renta básica que equivalga a un salario mínimo, la mejor forma de vivir del Estado, dejando a un lado el esfuerzo por salir adelante, pues haga o no haga, recibirá a cuenta de nada, su dinero. Cabe aclarar que con tanta pobreza sí se deben seguir destinando subsidios y ayudas, y propender por mejorar la calidad de vida de los estratos más pobres, dándoles una vida digna, así como oportunidades de surgir, pero eso es diferente a los mantenidos que, con oportunidades, simplemente no les gusta trabajar.

Una nueva narrativa sobre la fuerza pública: en el caos de las protestas, se pueden cometer atropellos contra algún civil o transeúnte envuelto en estas manifestaciones, y en esta situación la justicia deberá evaluar los hechos con detenimiento y si es el caso, el miembro de la fuerza pública deberá pagar por su acción; pero lo que está mal es la narrativa que se ha logrado crear por la izquierda cínica y criminal, alrededor de los héroes de la patria, que como cualquier colombiano tienen familia, y salen aun así a ponerle el pecho a estos desmanes para proteger al ciudadano de bien, pero que, en los últimos años, con la narrativa comunista, los han bajado al nivel de los delincuentes que causan el caos, como si fuese un duelo de igual a igual, donde para un bando los delincuentes son los vándalos y para el otro la fuerza pública, cuando la única realidad es que, los delincuentes son esos que están en la calle, quemando carros, matando civiles, atracando establecimientos comerciales,  y aun así, la fuerza pública cada vez más atada de manos, sin poder ejercer una fuerza superior para contener estos delitos, teniendo que maniobrar de alguna forma que no implique el uso de la fuerza, para no tener consecuencias penales, y peor aún, las consecuencias mediáticas, donde unos desalmados los tildan de asesinos.

Dios quiera termine pronto este periodo de caos y el presidente de la República logre crear consensos con sectores sociales y se construyan nuevos acuerdos con base en el diálogo y el respeto de los unos con los otros, eso sí, sin ceder un centímetro de la ley a aquellos que aprovechan las marchas y protestas pacíficas legítimas, para infiltrarse y buscar sus intereses particulares.

“El Mariscal”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Share on facebook
Share on whatsapp
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Ir arriba