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INCLUSIÓN EDUCATIVA, UN RETO DE GIGANTES

En estos días he estado revisando aspectos normativos y literatura sobre le tema de la inclusión y encontré ésta definición de “Educación Inclusiva”:

“es un proceso permanente que reconoce, valora y responde de manera pertinente a la diversidad de características, intereses, posibilidades y expectativas de los niñas, niños, adolescentes, jóvenes y adultos, cuyo objetivo es promover su desarrollo, aprendizaje y participación, con pares de su misma edad, en un ambiente de aprendizaje común, sin discriminación o exclusión alguna, y que garantiza, en el marco de los derechos humanos, los apoyos y los ajustes razonables requeridos en su proceso educativo, a través de prácticas, políticas y culturas que eliminan las barreras existentes en el entorno educativo”.

A partir de lo anterior debo precisar que un pequeño párrafo de la definición, se traduce en un desafío colosal para el sistema educativo y en especial para el sector público (sin menospreciar a las instituciones privadas), pues debido a sus ya muy profundas falencias para brindar educación a estudiantes regulares, hacerlo con NNA de inclusión vislumbra muy marcadas brechas que pretendo ir describiendo a partir de fragmentos extraídos del párrafo inicial.

  1. “proceso permanente que reconoce, valora y responde de manera pertinente a la diversidad de características, intereses, posibilidades y expectativas de los niñas, niños, adolescentes, jóvenes y adultos”.

Trasladar la educación de NNA en condición de discapacidad exigió al sector público enfrentar un reto de titanes, pues ya en ese momento, los establecimientos evidenciaban graves deterioros en su infraestructura y falencias en la dotación de recursos para el aprendizaje, por mencionar sólo dos de los muchos problemas. A esto, se sumó “responder” de “manera pertinente” a la Educación Inclusiva, demandando por ejemplo, la construcción de rampas para garantizar la movilidad de quienes tuvieran limitaciones motoras, contar con intérpretes de señas para sordos, tiflólogos para ciegos y muchos recursos más. Entonces, lo pertinente era, que antes de dar el salto de estudiantes de instituciones especializadas a las aulas regulares, éstas últimas, fueran adecuadas para favorecer un “tránsito armónico” para todos y asegurar, que el personal de apoyo fuera planeado presupuestalmente desde el primer día de clase y no como ocurre cada año, que llegan por ejemplo los estudiantes sordos a tratar de descifrar la información de 15 asignaturas sin contar con el intérprete de señas.

  1. “cuyo objetivo es promover su desarrollo, aprendizaje y participación, con pares de su misma edad, en un ambiente de aprendizaje común, sin discriminación o exclusión alguna”

Uno de los principios de inclusión es que los NNA accedan a aulas con grupos etarios (de la misma edad), pero si pensamos en discapacidad cognitiva, ¿hay límites o por tener 17 años debe ser matriculado en Grado Once y ser graduado Bachiller, sin tener las competencias básicas requeridas para un proyecto de vida en la universidad? O “promover su desarrollo” implica que, de acuerdo a su evolución, transite en la educación regular, pensando sólo en decidir cuál es el mejor escenario futuro para lograr la sostenibilidad e independencia, pues sus padres no serán eternos y se hace necesario garantizar el aprendizaje social y laboral para cada uno, en lugar de pretender que respondan de manera satisfactoria algebra o cálculo diferencial.

  1. “garantiza, en el marco de los derechos humanos, los apoyos y los ajustes razonables requeridos en su proceso educativo, a través de prácticas, políticas y culturas que eliminan las barreras existentes en el entorno educativo”

Éste último requisito, es el más real, pues desde las instituciones, directivos, docentes, docente orientador y hasta administrativos, garantizamos los DDHH, brindamos apoyos a los NNA con discapacidad, hacemos la caracterización necesaria para identificar las particularidades de cada caso y formulamos los Planes Individuales de Ajustes Razonables PIAR, para que con ello sean eliminadas las barreras existentes en el entorno educativo. Sin embargo, del dicho al hecho hay “mucho” trecho, pues no solo se trata de un proceso dispendioso, sino muchas veces frustrante, ya que no siempre se logran los resultados esperados y como profesionales comprometidos reiniciamos el proceso, para alcanzar mejores escenarios posibles para los estudiantes.

Ahora, ni todo es color de rosa, ni todo es un imposible de realizar, pero en definitiva, la educación inclusiva, es un desafío que debe contar con actores como: el estado, que define políticas claras y destina presupuesto para alcanzarlas; la familia, que se compromete a adelantar los trámites ante las EPS para aportar diagnósticos claros y recomendaciones a la institución y, decididamente, acompañar los procesos conjuntamente con el establecimiento y, las instituciones, que ofrezcan su capacidad instalada y profesional para asegurar mejores futuros a los NNA con discapacidad.

Sin embargo, es necesario precisar que el término inclusión, no solo aplica para NNA con discapacidad, también es el llamado a asegurar el acceso y permanencia a población víctima, indígena, vulnerable y/o migrante, sin menoscabo de su identidad y cultura. Lo cuál dará para otra columna en la que todos los aportes serán bien recibidos, porque el reto es sólo uno, “construir escenarios educativos que propicien el desarrollo de NNA que mejoren la sociedad desde el ejercicio de una ciudadanía transformadora”.

Y recordando a Freire en Pedagogía de la Autonomía (2004), “No hay enseñanza sin investigación ni investigación sin enseñanza” y en ese sentido, está en manos de nosotros los maestros, sistematizar las prácticas pedagógicas y someterlas a escrutinio, para construir un panorama futuro en el que desde la escuela se construya, deconstruya y reconstruya la sociedad.

OSCAR OMAR ALDANA MARTÍNEZ

Lic. Biología y Química Esp. Derecho Ambiental Mg. Gerencia Educacional

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