Hoy: Mié, febrero 11 2026

La playa cucuteña

En las últimas elecciones regionales todo estaba dado para derrotar a los politiqueros de siempre, todos estábamos cansados de los mismos sinvergüenzas amañados.

Antes de las elecciones comenzaba en el planeta un movimiento generalizado hacia un voto diferente por caras y cosas radicalmente nuevas. El Brexit, Trump, el emprendedor Nayib Bukele en El Salvador, el comediante Zelenski en Ucrania y muchas otras situaciones demostraban la necesidad a nivel mundial de un cambio absoluto. En Colombia esa tendencia vino a cuajar en cabeza del desconocido joven bailarín, mago y guitarrista Iván Duque; nunca sabremos si Uribe era consciente de la nueva tendencia y eligió a Duque estratégicamente o simplemente fue azar del destino (con un candidato diferente Uribe no hubiera puesto presidente).

Así las cosas, parecía que a Cúcuta también le había llegado la hora de un cambio absoluto y se sentía en el ambiente, pero cuando tocaba el tema sobre la necesidad de buscar alguien nuevo para la Alcaldía, me decían: “A quién se le ocurre que al Cacique lo van a derrotar”; “Usted no sabe de política chino”; “Eso será a nivel mundial, pero en Cúcuta es diferente”; y después de dos palmaditas en el hombro, me cambiaban el tema.

Viendo que nadie me iba a prestar atención, asumí personalmente el reto de demostrar que Cúcuta estaba lista para alguien nuevo. Durante un año y en silencio absoluto me comencé a preparar en todos los aspectos para ser Alcalde, desde la búsqueda más básica en Google: ¿Cuáles son las ramas del poder público en Colombia?, hasta libros, cursos, profesores, abogados; estudié la historia de la ciudad, administración pública, comunicación estratégica, liderazgo e hice toda la preparación posible para asumir el cargo y hacerlo bien. Lancé mi nombre como precandidato y el destino se encargó de que no tuviera aval (algún día contaré esa historia). En la parte electoral demostré que mi teoría era cierta, pues ganó quien ya sabemos.

Cúcuta de noche es encantadora, caótica, iluminada, alegre, con un clima delicioso y con sitios para todos los gustos y estratos, la escena gastronómica cada día es más variada y a nivel nacional somos reconocidos como buenos anfitriones.

Mi programa de gobierno incluía la visión de una ciudad nocturna, 24 horas, como eje estratégico para promover el turismo, la inversión, el comercio y comenzar a mover la economía desde el entretenimiento. Las ciudades más importantes del mundo tienen una fuerte vida nocturna, eso las hace famosas y económicamente ganadoras. Ser nocturnos no significa que vayamos a ser un rumbeadero gigante, como pensaban algunos. La vida nocturna va mucho más allá de la fiesta; incluye congresos, obras de teatro, eventos, espectáculos de todos los estilos y un sinfín de actividades que servirían para los habitantes de la ciudad, pero sobretodo comenzarían a atraer personas de todas partes del mundo; un sueño que siempre hemos tenido los cucuteños pero que no vamos a ver materializado por el simple hecho de haber remodelado Cristo Rey o hacer un mirador en Atalaya sin un plan estratégico. Difícilmente vamos a lograr ver gente de afuera disfrutando e invirtiendo en la ciudad con esas visiones antiguas y desgastadas que exponen nuestros dirigentes cuando hablan de una Cúcuta Turística.

En el proyecto que estábamos construyendo sobre una ciudad 24 horas había una propuesta para recuperar nuestro icónico Malecón y por allá escondida sin ningún protagonismo estaba una idea económica y rápida para recuperar una zona pequeña del Malecón llenándola de arena y haciendo un estilo de playa artificial, como ya existe en varias ciudades del mundo.

¡Quién dijo miedo! Organizamos la idea y sacamos el video con la propuesta. El tema se presentó de la manera que se hizo pues la finalidad era que la gente volteara a mirar a un grupo de jóvenes “apolíticos”, nuevos en la arena política. Los objetivos del video se cumplieron a cabalidad. Más de 400 mil reproducciones. ¡Y se armó la grande! Se polarizó la ciudad y comenzó el debate. Que sí, que no, ridículo, innovador, populista, visionario, pendejo, soñador, unos decían: yo quiero playa; otros: Cúcuta no necesita playa, vinieron los memes (varios hechos por la misma campaña) y se volvió tendencia el tema hasta con eco nacional. Estaban los Proplaya y los ‘No playa’, y como siempre las redes se encendieron. Luego llegaron los trajines de la campaña, la búsqueda de firmas, de aval y demás chicharrones para ganar una elección, al final no tuve oportunidad de exponer mi visión completa de la ciudad del entretenimiento, por consiguiente el tema de la playa quedó sobre la mesa, a medias.

En este nuevo espacio de El Santanderista, al que amablemente me invitaron, estaré proponiendo cada vez que me lo permitan la necesidad de desarrollar una ciudad turística, dinámica y ganadora desde la percepción del entretenimiento. Claro que hay otros temas necesarios para sacar esta ciudad adelante; lo primordial siempre va a ser construir una visión colectiva y que todos tiremos para el mismo lado desde nuestra cotidianidad y posición. El día que definamos nuestra identidad, la aceptemos, sintamos como cucuteños que somos parte de algo grande y logremos transmitirle eso a cada ciudadano para que lo lleve tatuado en la piel y el corazón, vamos a lograr que Cúcuta renazca.

Como sigo convencido de que en algún momento nuestra ciudad va a ser 24 horas, pues debo ser consecuente y defender la idea de que algún día tendrá playa. Que algunos no sean soñadores no quiere decir que sea complicado coger un terreno, hacerle un diseño y llenarlo de arena; hoy todavía no lo veo lo difícil. El tema seguirá siendo polémico a lo largo de los años porque así somos; hoy gracias a las redes todos pueden opinar y eso está bien.

José Luis Mora Castro

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