¿Por qué nos duele ‘Epa Colombia’?

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Ayer se conoció que el Tribunal Superior de Bogotá confirmó la condena contra Daneidy Barrera Rojas, conocida en el mundo de las redes sociales como ‘Epa Colombia’.

Según el alto tribunal, Barrera deberá pagar 63 meses de prisión tras ser condenada por el delito de daño en bien ajeno agravado, en concurso con instigación a delinquir con fines terroristas y perturbación en servicio de transporte público, colectivo y oficial. La pena, además, deberá hacerse efectiva en un centro carcelario, pues a ‘Epa Colombia’ se le negó el beneficio de la detención domiciliaria. Durante el tiempo de su reclusión, no podrá usar redes ni tener contacto con sus seguidores a través de ninguna plataforma.

Para muchos, la condena contra Daneidy no solo es desproporcionada, sino que pone en evidencia que la justicia en Colombia pareciera ser especialmente severa con algunos y demasiado laxa con otros.

Veamos algunos casos. Al exgobernador de Córdoba, Alejandro Lyons, lo condenaron a la misma pena de Daneidy tras ser hallado responsable de la pérdida de 71.674 millones de pesos en el denominado cartel de la hemofilia.

Al exembajador de Colombia en Uruguay, Fernando Sanclemente, las autoridades le hallaron un laboratorio para el procesamiento de coca en una de sus propiedades, y ni siquiera ha sido detenido.

Más recientemente, Andrés Escobar, un asesor de reconocidas figuras públicas colombianas, fue grabado disparando contra los manifestantes en el sur de Cali y no solo no ha sido detenido, sino que a la justicia parece haberle bastado con que hiciera un video pidiendo perdón para que su caso fuera olvidado.

Y esta semana, para no ir más lejos, la ministra de las TIC, Karen Abudinen, está en el ojo del huracán luego de que se conociera que más de 70 mil millones de pesos que le dio de adelanto a un consorcio para llevarles internet a los niños de las regiones más apartadas del país, se embolataron porque las empresas que integran la Unión Temporal Centro Poblados resultaron enredadas en otros escándalos y ya hasta sacaron la plata de Colombia, sin que hasta la fecha se sepa si se va a poder recuperar algo de ese dinero.

Con semejante escándalo encima, y la ministra ni siquiera ha renunciado; por el contrario, fue respaldada públicamente por el presidente Iván Duque. Es decir, se le enredó semejante cantidad de plata y salió premiada.

Por estos casos anteriormente mencionados, en los que la justicia se ha mostrado benevolente con quienes debieron recibir una pena severa, es que la condena contra ‘Epa Colombia’ se muestra desproporcionada y, digámoslo sin tapujos, abiertamente clasista: si usted es rico, tiene poder y está bien relacionado, la justicia cojea y no llega. Si usted es pobre, mal hablado y ‘levantado’, la justicia llega rápido y con contundencia.

No se trata de defender que a ‘Epa Colombia’ no se le condene. Lo que hizo es grave, mucho. Pero la justicia ya le había ordenado hacer unas cosas que cumplió y, con el fin de rehacer su vida, montó una empresa exitosa que hoy da trabajo a decenas de personas en el país. Personas que ahora no saben qué pasará con ellas mientras su jefe debe pasar 5 años en la cárcel.

Ojalá la justicia operara siempre con la eficiencia que operó contra Daneidy. Seríamos un mejor país. Pero eso no va a pasar y por el contrario seguiremos viendo cómo los ladrones de ‘cuello blanco’ desangran a este país ante la mirada cómplice de un aparato de justicia que, amangualado con abogados expertos en dilatar los procesos, termina haciéndose el de la vista gorda cuando los delincuentes son pura ‘gente de bien’. Sabroso delinquir así, ¿no?

 

El Santanderista

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