SEIS AÑOS Y CONTANDO…

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Ayer se cumplieron seis años del cierre de la frontera entre Colombia y Venezuela, ordenado unilateralmente por Nicolás Maduro tras el presunto ataque de un convoy militar en San Antonio del Táchira, por lo que denominó en su momento como grupos armados colombianos que buscaban desestabilizar su gobierno.

Tras el fatídico cierre, aún permanecen frescas en nuestra memoria las imágenes de cientos de colombianos y venezolanos huyendo de las medidas que adoptó el gobierno de Venezuela contra las personas que vivían en algunos barrios de la línea fronteriza, entre ellos Mi Pequeña Barinas, y cuyas casas fueron marcadas con las letras R (revisada) y D (demoler).

Rápidamente, el cruce de personas se incrementó por las trochas y los famosos caminantes, venezolanos que huyen hacia Colombia u otros países del cono sur, invadieron las carreteras de nuestro país en una diáspora que aún no cesa.

Con el cierre fronterizo, las trochas pasaron a ser el único paso habilitado entre los dos países. Estas, controladas por grupos armados ilegales a cada lado, que cobran a todo aquel que se atreva a transitar por allí, son el único medio existente para que personas de ambas naciones puedan moverse entre ellas, pues no han logrado despertar en sus dirigentes la voluntad necesaria para llegar a un acuerdo que ponga fin al sufrimiento de quienes por necesidad deben pasar de un país al otro.

Con el cierre fronterizo, además, Cúcuta y Villa del Rosario, municipios cuyas economías dependían en gran medida de las compras hechas por los venezolanos que a diario llegaban hasta sus establecimientos comerciales en busca de lo que en su país no encuentran, se han visto gravemente afectados y cientos de locales han tenido que cerrar, perdiéndose los trabajos de muchos colombianos que pasaron a engrosar las estadísticas de desempleo, disparadas por una pandemia que llegó para acabar de estropearlo todo.

En estos seis años, ni Venezuela ni Colombia han hecho los esfuerzos necesarios para entablar relaciones. Los gobiernos de los dos países se acusan mutuamente de querer desestabilizarse y así, entre acusaciones de un lado y otro, pasan los días, meses y años, sin que se vislumbre una pronta solución. Ayer se cumplieron seis años, pero serán siete los que estará cerrada la frontera, pues mientras esté en el gobierno Iván Duque y este solo reconozca como presidente del vecino país a Juan Guaidó, no existe la más mínima posibilidad de que los puentes que unen a los dos países sean reabiertos.

Y el panorama puede ser peor si en las próximas elecciones se elige un gobierno que, al igual que el actual, sea de la línea que sostiene que no es necesario retomar las relaciones con Caracas, desconociendo con ello el grave daño que le hacen a los habitantes de la frontera.

Mientras el presidente de Venezuela sea Nicolás Maduro, no importa quién gobierne en Colombia, el diálogo se debe retomar es con él, con nadie más. ¿O aún hay gente que cree que Guaidó tiene poder en el vecino país?

El Santanderista

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