La situación socioeconómica de la ciudad es bastante delicada luego de que la pandemia acabara con más de 7.000 empresas y negocios en el último año, según cifras entregadas por el presidente de la Cámara de Comercio en una entrevista con un medio de comunicación esta semana. El desempleo se ubicó en 20.5% en el mes de enero de 2021, según cifras del DANE, junto con la acostumbrada cifra del 72% de informalidad. Bajo este escenario desesperanzador, el municipio de Cúcuta inicia el año asumiendo el catastro que antes estaba en manos del IGAC, con la idea de poder hacer una labor mucho mas eficiente y poder actualizar mucho más rápido los cambios catastrales que ocurren año tras año en la ciudad y que tienen sin registrar cientos de predios que hoy por hoy no pagan impuesto predial.
Pero es justo allí en donde el municipio debe ser supremamente cuidadoso y sus equipos técnicos bastante condescendientes con la ciudadanía y la situación económica tan delicada que atraviesa la ciudad en general. Considero, con mucho respeto, que haber asumido el catastro de la forma tan acelerada como se asumió, fue un error por parte de la Alcaldía. Creo que ha debido ser un proceso con unos tiempos de empalme mayores, y con una transición más ordenada. Desconozco si hubo alguna razón de fondo, ley, u orden del gobierno nacional, pero el haber asumido esta labor tan inmediatamente, tiene corriendo al equipo de la Secretaría de Hacienda que, impotente, ve cómo semana tras semana de este inicio de año se acumulan los derechos de petición y las filas afuera de la Alcaldía para temas relacionados con el predial, las actualizaciones catastrales y resoluciones, sin poder responder administrativamente de la forma más adecuada. Espero seriamente que esta situación pueda corregirse lo antes posible y estoy seguro de que secretarios, empleados y contratistas son conscientes de la situación y están trabajando para solucionarlo.
Ahora bien, como venía diciendo, estas funciones catastrales son una oportunidad para que el municipio aumente sus ingresos, mediante el control y registro de nuevos predios que se han desarrollado en los últimos años, y que no han sido actualizados en cuanto a su existencia. Pero las cuentas no pueden hacerse solo sumando, también se debe restar. Este nuevo escenario de operación catastral municipal, debe aprovecharse para revisar los avalúos catastrales a la baja o por lo menos evitar su aumento, y por qué no, de la mano con el Concejo bajar las tarifas aplicadas a los diferentes tipos de inmuebles. Que la gestión que se pretende hacer, cubriendo más predios que hoy no pagan y que empezarían a pagar, permita aliviar de alguna forma el bolsillo de los que siempre han pagado.
Momentos de crisis como el que vivimos, nos exigen ser creativos. Así como se podrían dar alivios en los impuestos prediales y de industria y comercio, hay oportunidades para recaudar otro tipo de ingresos para invertir por ejemplo en proyectos de infraestructura vial que permitan superar el atraso de algunos sectores de la ciudad en esta materia y servir como proyectos que, por su impacto, serían generadores de empleo y dinamizadores de la economía local. La concesionaria San Simón cesó sus actividades dejando, a pesar de algunas críticas, importantes obras en el área metropolitana de Cúcuta, tales como el Anillo Vial occidental (en una sola calzada), la prolongación de la Avenida 0, la ampliación de la avenida Demetrio Mendoza, entre algunas otras. Sería importante no dejar estos peajes al garete y plantear una nueva concesión, que permita construir más obras de infraestructura vial que tanto necesita el área metropolitana de Cúcuta, como la finalización de la segunda calzada del Anillo Vial occidental, y la conexión del centro de Cúcuta con este mismo anillo, por no hablar de una gran labor de rehabilitación de las principales vías de los barrios del área metropolitana de la ciudad. Los peajes deben ser económicos por ser peajes urbanos. Hoy, luego de más de una década de haber sido instalados, me atrevo a decir que fueron un mal necesario que permitió el desarrollo de importantes y necesarios proyectos viales. Así mismo, la construcción de nuevas estaciones de servicio, y el incremento del consumo de gasolina en la ciudad, han disparado el impuesto de sobre tasa al combustible, dándole una mayor capacidad financiera al municipio para plantear nuevas obras con estos importantes recursos.
El balance que debe lograr el municipio sumando algunos ingresos por gestiones nuevas y restando otros por rebajas en tarifas y alivios, es bastante retador. Lo que no puede pasar es que se pretenda que no pasa nada en la ciudad y cobrar más a una ciudadanía golpeada financieramente y que probablemente no podrá pagar. Quedamos pues, a la espera de lo que ocurrirá fiscalmente con el municipio este año.



