¡Hagamos justicia por nuestra cuenta!

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Eran las tres de la tarde de un sábado del año 1975. La señora Isidora, casada y madre de tres, no encontraba fuerzas para pararse de su cama y asistir a la tradicional jugada de cartas del Club del Comercio, que todos los sábados tomaba lugar en el salón Canasteras y al que asistían sin falta otras damas de la ciudad.

Isidora estaba paralizada de miedo pues sabía que su vecina Matilde, comunicadora compulsiva, había descubierto su gran secreto, cuando la noche anterior, asomada desde su ventana, había presenciado cómo su otro vecino, Virgilio, empresario reconocido del calzado, salía de forma discreta de la casa de Isidora, con quien desde hacía unos meses mantenía una relación clandestina. Sin embargo, Isidora no se dejó amilanar y como un acto de libertad, entró con la frente en alto a participar del mencionado evento social. Como era esperado, esa actitud valiente le duró poco, al darse cuenta de las miradas y señalamientos que le hacían todas las asistentes. Esa tarde no hubo espacio en la mesa para Isidora; las cartas estaban echadas y su suerte ya estaba perdida. Lo mismo le sucedió a Virgilio, a quien varios de sus proveedores le cerraron el crédito con su empresa. El mundo se les caía a pedazos, pues además de las consecuencias con que tenían que lidiar dentro de sus hogares por haber traicionado las buenas costumbres, a Isidora y a Virgilio la sociedad les había impartido justicia, recordándoles que la moralidad y el honor tenían un valor importante que el dinero y el estatus no podían comprar.

Cincuenta años después estamos en el mismo lugar, en el mismo club y rodeados de los familiares descendientes de las mismas personas. Sin embargo, las costumbres ya no son las mismas. En esta época el dinero y el poder sí logran comprar el valor que como sociedad le damos al honor y a la moralidad. En los clubes se ven personas de bien, jugando al golf con los autodenominados “empresarios”, esos que hicieron su patrimonio con CADIVI, con negocios ilícitos o succionando como sanguijuelas el erario de nuestro municipio o departamento.

Las celebridades locales se dedican abiertamente a lavar dinero del narcotráfico y gran parte de la sociedad los admira y aplaude por manejar lujosas camionetas que al resto de los mortales nos habría tomado toda una vida poder adquirir. A los maridos infieles se les aplaude en los bares de la ciudad al verlos llegar con hermosas quinceañeras, mientras sus esposas trabajan o cuidan a sus hijos en casa. Y a los políticos, sin si quiera un título profesional, se les llama “doctor”. Esos ‘dotores’ se vuelven millonarios después de sus cuatro años de administración y nadie se pregunta cómo lo consiguieron. Por el contrario, los pseudoperiodistas locales los tratan de honorables, los entrevistan y los respetan como si se tratara de eminencias. En definitiva, tristemente el dinero y el poder son el único parámetro actual para determinar la importancia de los individuos en nuestra sociedad.

Por esto hago un llamado a la gente de principios y valores, a quienes las abuelas les inculcaron desde pequeños lo que está bien y lo que está mal. Especialmente en este momento particular que atraviesa el país en el que la confianza en la justicia está puesta en duda, en el que los asesinos predican sobre temas morales desde el congreso, en el que los verdugos que han condenado al atraso a nuestra ciudad son puestos en libertad por su arduo trabajo durante su estadía vacacional en la mal llamada cárcel. El llamado es a que hagamos justicia por nuestra cuenta, nunca poniéndonos al mismo nivel de corrupción y maldad de ellos, sino demostrándoles, como a Isidora y a Virgilio, que los actos tienen consecuencias, haciéndolos sentir excluidos de nuestra normalidad, cerrándoles los espacios y demostrándoles que para algunos de nosotros el dinero y el honor no son conceptos similares.

Sebastián García-Herreros Peñaranda

Ingeniero Industrial Universidad Javeriana, Bogotá
Especialista en Gerencia de Proyectos
Universidad Industrial de Santander
IG FB TW: @SebastianGHP1

13 comentarios en “¡Hagamos justicia por nuestra cuenta!”

  1. Maria Yolanda Abello R

    Me encantó su escrito y estoy de acuerdo en sus planteamientos sobre lo que está pasando en nuestra ciudad. Desafortunadamente la falta de trasparencia en los negocios , en la fortunas y en lo que día a día se muestra a todo nivel , logran que sea escéptica a que las cosas se puedan enderezar.
    Ah,Y sobre Virgilio e isidora… eso si sucederá y hasta el fin de los siglos ! 😂😂😂 Que viva el amor, la locura! 😂😂😂
    Felicitaciones y siga escribiendo!!

    1. Efrain Alfonso Yáñez R.

      Excelente escrito y que hace referencia al momento que vive Colombia, lo que me permite recordar que cuando gobiernan los jueces y el activismo judicial no garantiza el estado social de derecho no dando a cada cual lo que le pertenece, solo nos resta decir Dios nos ampare.

  2. La sancion social es una herramienta eficaz para la autoexclusion de quienes actuan deliberadamente en contraposicion de la integridad y los principios eticos. Para lograr que una sociedad de jovenes no se obnubile y quiera emular a esos pillos y hampones que se cuelan entre gente de bien por su integridad, se requiere de una fuerte formacion en valores en el seno del hogar, no con palabras si no con ejemplos.
    Buen articulo de Sebastian.

    1. Excelente escrito, admiro tu valentia, porque aunque hoy en dia quieren opacar las buenas costumbres estoy segura que en nuestro pais somos mas los que queremos mantener los principios, pero el miedo y la falta de una verdadera justicia nos acobarda.

    2. Desafortunadamente la sanción social no ópera en estos momentos en qué ópera el todo se vale.
      La radiografía del momento actual está escrita en una monumental composición con ritmo de tango que escribió Enrique Santos discépolo. Cambalache.

  3. Adelante Sebastián, el bien siempre triunfa.Personas preparadas como usted y con esa herencia llena de buen ejemplo, pueden cambiar el rumbo de esta ciudad.

  4. MARIA Claudia Garcia Herreros

    Gracias Sebastian
    Me alegra que la juventud tome la bandera
    Muy importante , mostrar las hay actitudes que estaremos defendiendo. Con este tipo de artículos nos estaremos uniendo formando una masa crítica , la cual hará la presión necesaria para iniciar el cambio. Juntos podemos!!!

  5. Alejandro Canal Lindarte

    Interesante propuesta. Requiere para ponerla en práctica, valores desconocidos para gran parte de nuestro entorno. Ojalá, algunos despierten. Muy bien, Sebastián.

  6. Claudia P. Guerrero Laverde

    Sebastián, celebró encontrar este tipo de manifestaciones disconformes en gente joven, futuro de nuestra región y del país. Difícil tarea en estos tiempos aciagos pero acompañó este propósito de justicia sobre valores y principios de moralidad social.

  7. Insisto en que si algo puede ayudar a enderezar lo torcido de nuestra sociedad actual es establecer la pena de muerte. Pero no a los delincuentes sino a la caterva de instituciones de control (contraloría, procuraduría, auditoría, policia anticorrupción) que pagamos del erario para que esos malditos delincuentes campen a sus anchas.

  8. Muy bien primo, así es y debe ser. Desafortunadamente en el mundo actual las relaciones estan determinadas por el dinero, porque se ha desdibujado los conceptos de valor y moralidad. Me encanto su escrito y me siento orgulloso de ser su pariente. Un abrazo desde la distancia y el confinamiento.

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