Hoy: Sáb, agosto 15 2026

Los ‘paras’ y su presencia siempre viva en Cúcuta

Los paras y su presencia siempre viva en Cúcuta el santanderista

En Cúcuta, a finales de los 90 y principios del nuevo milenio, el paramilitarismo se abría camino silencioso en las calles y rincones más vulnerables de la ciudad, mediante una modalidad que, para entonces, pasaba inadvertida para la población.

Los grupos de vigilancia nocturnos llegaron de forma repentina a una sociedad muy golpeada por la violencia de la época, bajo la premisa de salvaguardar vidas y evitar una mayor propagación de la criminalidad. Sin embargo, nada de esto resultó ser cierto.

“Normalmente se transportaban en bicicletas, yendo de a dos, y utilizando pitos como los celadores comunes. Pero en realidad eran los informantes del paramilitarismo; se hacían con tu confianza y la de tus vecinos, recolectando información para jugar a adivinar quiénes andaban en malos pasos y entonces desaparecerlos de la comunidad”, indicó un líder comunal del barrio Colombia 1, que prefirió proteger su identidad; agregó que ha dedicado varios de sus 32 años de vida a transformar la de sus vecinos, para superar las heridas que desde hace 2 décadas no terminan de sanar.

Y es que en este barrio la violencia paramilitar arrasó con muchos sueños de gente humilde que fue obligada a buscar alternativas para sobrevivir en medio de la crisis.

“Arfilio llegó a nuestro barrio sobre el 2001 haciéndose pasar por vigilante de la zona, bajo el argumento de que él y su grupo habían llegado para acabar con la criminalidad. Era un tipo imponente que al verlo te daba miedo a pesar de medir no más de 1.75 de estatura; era de tez morena y portaba un revólver calibre 38 que lucía abiertamente en la comunidad”.

El santanderista Los paras y su presencia siempre viva en Cúcuta

Por los barrios

Otros barrios como San Martín y San Luis también fueron muy golpeados por esta problemática social, siendo este último portada de muchas noticias por aquel entonces, en las que se le tildaba de zona roja, promoviendo el temor y la estigmatización de ‘Los Pancheros’ hacia el resto de la ciudad.

“Nadie venía para San Luis a menos que viviera por acá. Hacia el Bajo Pamplonita teníamos un sector al que denominaban ‘La cuadra de las 7 ollas’; todas pertenecientes a una misma familia y donde cada una tenía su propia banda criminal…

…Eso fue lo que aparentemente vinieron a acabar los paramilitares, causando aún más terror a los habitantes de esta comunidad pues la violencia repercutía en otros hogares que no tenían nada que ver”, contó otro líder juvenil.

Dicha familia, al parecer, buscó la manera de reinventarse para seguir delinquiendo en ese sector, aunque en menor medida, por todos los integrantes que perdieron la vida con los años a causa de los enfrentamientos con el Frente Fronteras de los paramilitares.

También, cuando mermó la presencia de estas denominadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), a raíz de una tragedia que enlutó a varias familias tras haber asesinado, erróneamente y a quemarropa, a 5 jóvenes inocentes en el 2002; un escenario muy distinto se daba en el barrio Colombia 1, pues allí, apenas empezaba la peor parte para las familias de esa comunidad.

“Sobre la medianoche Arfilio y su gente nos sacaron a todos a la calle, nos ubicaron sobre un terreno baldío que utilizábamos como cancha y fue en ese momento cuando nos dijeron abiertamente que ellos hacían parte del Frente Fronteras de las AUC; en ese momento la historia de Colombia 1 se partió en los pedazos que aún hoy intentamos reparar”.

El líder comunal agregó que ese día el Frente Fronteras azotó a 5 jóvenes ante la mirada impotente de la comunidad, acusándolos de estar causando problemas en la zona. Luego, las masacres, desapariciones y violaciones serían frecuentes, pues Arfilio ya no escondía quién era en realidad.

“Le gustaban las niñas y las obligaba a estar con él amenazando a sus familias. Nos imponía toques de queda y les daba rienda suelta a las masacres; nos sentíamos impotentes, pues, al denunciar a la Policía Nacional, nos quedaba una sensación de complicidad porque en vez de intervenir solo nos preguntaban si había quedado alguno vivo, nada más”.

En el 2005 Arfilio fue asesinado por un padre de familia desesperado, que se las ingenió para burlar su esquema de seguridad y dispararle en 6 oportunidades con el arma del propio Arfilio, que se la había quitado para departir en un pool de esa localidad.

En la actualidad

Estos jóvenes aseguran que el paramilitarismo no se ha ido de Cúcuta y, por el contrario, ha buscado la manera de ampliar su injerencia donde ha tenido presencia en el municipio.

“Desde hace meses venimos denunciando la presencia de estos grupos criminales en las barriadas y zonas periféricas de la ciudad. Sin embargo, no hemos sido escuchados por las autoridades y, cuando vamos a buscarlos a sus despachos, nos dejan esperando”.

Utilizando la educación como herramienta de transformación social para la no repetición de hechos violentos en los barrios de Cúcuta, el llamado que estos líderes comunales realizan a las autoridades, organizaciones y a quien pueda interesar, es a aunar los esfuerzos que sean necesarios, para atender esta ruta de violencia en la que se encuentra Cúcuta, toda vez que hay una sensación de que en algún momento cualquiera podría convertirse en un muerto más.

Equipo periodístico El Santanderista

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