Estamos estrenando decreto, el 0558 del 04 de diciembre de 2020. El mismo decreto en el que se obliga a los comerciantes incluidos en el plan piloto para la venta y consumo de licor en los establecimientos de comercio a dejar de vender bebidas embriagantes después de las diez de la noche; a ese mismo comerciante que fue el primero en cerrar, el último en abrir y al que le hicieron invertir -o más bien- al que hicieron endeudarse para cumplir con todos los protocolos de bioseguridad; a ese comerciante lo quieren privar de su mayor fuente de utilidades, la venta de licor.
Y es que sí, efectivamente la venta de licor es lo que mantiene a flote este tipo de negocios. Lo que este infame decreto impone es el cierre de estos establecimientos a las diez de la noche, puesto que no conformes con impedir el consumo de bebidas alcohólicas, impone a toda la ciudadanía un toque de queda a partir de la misma hora, lo que implica estar cerrando cocina a las nueve en punto y despachando al último cliente a las nueve y cuarenta y cinco, y sacando a los empleados faltando cinco para las diez. No podría ser el gobierno municipal más cruel con estos generadores de empleo y sus empleados.
Este decreto es una flagrante vulneración de la libertad de empresa, acaba con el emprendimiento (siendo el caso del restaurante Oishii el más duro, pues en su fin de semana de apertura lo van a obligar a cerrar a las diez), vulnera las más básicas libertades individuales, deja a cientos de personas que viven directa o indirectamente de la vida nocturna sin ingresos, y priva a todo el gremio de la tan esperada temporada decembrina, la única esperanza que quedaba para el 2020. Pero seamos moderados, no pensemos solo con el bolsillo. Después de todo, estamos en pandemia, ¿no?
Las libertades individuales pueden ser limitadas en un estado de emergencia sanitaria, la misma Constitución en su artículo 215 lo permite, y por ello el gobierno nacional le ha dado autonomía regulada a los entes territoriales para determinar las medidas de aislamiento para cada caso concreto, de manera que una decisión de este calibre y que tiene las alarmantes repercusiones anteriormente citadas, seguro estará fundamentada en datos concretos y estudios específicos sobre dónde, cuándo y cómo se está contagiando el cucuteño, ¿cierto?; porque no creemos que un puesto de mando unificado se reúna a especular con el bolsillo de los cucuteños ¿cierto?, porque seguramente las secretarías de Salud estarán haciendo estudios serios, entrevistando a todas las personas contagiadas para verificar cuándo y dónde estuvieron, y haciendo qué, y con quién se contagiaron, ¿cierto?. Porque seguramente todas las oenegés que pululan por ahí haciendo estudios con recursos públicos sobre la naturaleza del éter habrán puesto en pausa sus compromisos y habrán volcado todos sus recursos a resolver el misterio, dónde, cómo, cuándo y con quién se contagian los cucuteños, ¿cierto? Seguramente podemos confiar en que nuestros gobernantes tomen decisiones atendiendo a estudios científicos y no a sus propias creencias personales, o a lo que más fácil les resulte, ¿cierto? Alerta de spoiler, No.
Pues esa es la realidad, no existe ningún estudio serio que haga parte de las motivaciones de todas estas resoluciones, existen las estadísticas de cómo el pico se generó en julio y agosto, es cierto. Sospechosamente el pico se generó cuando estábamos todos encerrados. Las estadísticas solo revelan el aumento en las cifras de contagio; después de todo, el virus sigue ahí y es real. Pero como dicen por ahí, lo que muestran las estadísticas es importante; pero lo que ocultan es fundamental. Ocultan estas estadísticas que el pico se generó cuando no había plan piloto y no dicen nada acerca de si es la implementación del plan piloto o no lo que está generando el aumento de contagios.
Nuestros gobernantes toman sus decisiones con el opinómetro y con el criterio del menor esfuerzo, ven en la venta y consumo de licor en establecimientos públicos un alarmante foco de contagio; pero no lo ven en el transporte público o en los eventos deportivos masivos “clandestinos”, o en el concierto de Jessi Uribe; lo ven en los bares y restaurantes. Pero sigámosles el juego y caigamos en el estadio más bajo del conocimiento, opinemos nosotros y especulemos. Porque si me toca a mí especular, diría que los torneos de baloncesto y de fútbol con público que tengo que ver todas las noches en la cancha de Torcoroma podrían generar más contagio que irse a tomar una cerveza, después de que le pidan su nombre, número de cédula, le tomen la temperatura, lo bañen en alcohol, lo sienten en su mesa a dos metros de la mesa contigua y luego lo obliguen a tener el tapabocas puesto hasta que le traigan su cerveza, diría también que montarse en una buseta o en colectivo en donde tenemos que sentirnos bien servidos si el compañero de ruta lleva tapabocas, es más riesgoso que ir a un restaurante y pedir una botella de vino. Podríamos hablar de tantos bares y restaurantes haciéndolo tan bien, como el caso Spezia con ‘Spezia al parque’; Solario, con sus impecables protocolos y distanciamiento; Galileo reduciendo su aforo y aplicando estrictamente la desinfección y distanciamiento, y de tantos otros como Grupo K, Madeira, Sorrento, Oishii, Inka, Vagamonde, Spetto, Old West, Licores La Terraza, Pinchetas, Macerena, La Playa, Casa Central -a quienes la lluvia les tumbó el local, por cierto-. No nos olvidemos de aquellos que viven de los eventos, Holyday Inn, Hampton Inn, Hotel Arizona, Hotel Casino Internacional, Majestic Fiestas, La Barra Bar, todos sus proveedores y otros muchísimos comercios ubicados en barrios periféricos.
Populistas y facilistas son los adjetivos para nuestros gobernantes. Para qué invertir en estudios, para qué contratar empresas serias para que los hagan, para qué poner a nuestros servidores públicos a trabajar, para qué exigir a nuestros policías que controlen todos estos eventos (y eso que no hemos hablado de las canchas sintéticas), para qué controlar el transporte público; si por el contrario podemos pedirles a bares y restaurantes que cierren cinco para las diez y con eso dormimos bien esta noche.
¿Será de pronto que resulta impopular meter a la policía a los parques a hacer comparendos?, o que nuestra administración no tiene la suficiente voluntad de conducir estudios serios que sirvan no solo para el 2020 sino para la posteridad, para que las generaciones futuras sepan cómo nos comportamos en pandemia. Y es importante, señor alcalde, pensar en la posteridad porque le garantizo que vamos a prevalecer, la sociedad cucuteña va a prevalecer y nuestros comerciantes van a prevalecer, nuestros trabajadores van a prevalecer y estarán aquí para el 2021 y el 2022; muchos de ellos estarán quebrados y en la pobreza, gracias a sus medidas populistas y pragmáticas, recuerde señor alcalde que a un comerciante le toma años incluso décadas salir de la quiebra, recuerde señor alcalde que a una familia le toma incluso generaciones enteras salir de la pobreza. Aquí estaremos sus electores -mea culpa– para recordarle sus decisiones y estará la historia para recordar que usted prefirió quebrar a los comerciantes antes que poner en cintura a la ciudadanía.



