Un año después del inicio de la pandemia por el COVID-19, se puede hacer un balance en diferentes sectores; en el ámbito educativo, gran parte de las medidas que los países de la región han adoptado ante la crisis se relacionan con la suspensión de las clases presenciales en todos los niveles, lo que ha dado origen a tres campos de acción principales: el despliegue de modalidades de aprendizaje a distancia, mediante la utilización de una diversidad de formatos y plataformas (con o sin uso de tecnología); el apoyo y la movilización del personal y las comunidades educativas, y la atención a la salud y el bienestar integral de los estudiantes.
Casi la mitad de los estudiantes del mundo siguen aún afectados por el cierre parcial o total de las instituciones educativas, sumado a los retrocesos en los procesos pedagógicos, por lo cual es prioritario la recuperación de la educación para evitar una catástrofe generacional, como lo ha manifestado la UNESCO.
Según la información recolectada por la CEPAL y la UNESCO, sobre los 33 países de América Latina y el Caribe hasta el 7 de julio de 2020, permite constatar que en el ámbito educativo gran parte de las medidas tomadas se relacionan con la suspensión de las clases presenciales en todos los niveles educativos. De dichos países, 32 suspendieron las clases presenciales y 29 mantienen una suspensión a nivel nacional (en Nicaragua no se han suspendido las clases). En Uruguay se inició el retorno a clases en zonas rurales a partir del 22 de abril y el 29 de junio de 2020 retornaron el resto de las escuelas. En San Vicente y las Granadinas se comenzó un retorno parcializado desde el 25 de mayo y en el Ecuador se retornó a clases presenciales a partir del 1 de junio. Hasta julio de 2020, la población estudiantil afectada por las medidas en los 32 países llegó a superar los 165 millones de estudiantes de acuerdo con la información oficial de la UNESCO.
En Colombia el panorama educativo con la pandemia solo resaltó aún más las brechas entre los sectores rurales y urbanos; adaptar los sistemas educativos, abordar el tema de las pérdidas de aprendizaje especialmente en las comunidades más vulnerables y con escaso acceso a herramientas tecnológicas es aún más complejo; sumado a la encrucijada para lograr la concertación entre el Ministerio de Educación, los entes territoriales y sus Secretarías de Educación y Fecode (Federación Colombiana de educación).
Existe una necesidad de mantener la continuidad de los aprendizajes que ha llevado a la transformación del currículo, por medios no presenciales y con diversas (creativas) formas de adaptación, priorización y ajuste. Para realizar estos ajustes se requiere tomar en cuenta las características de los currículos nacionales, regionales y locales; los recursos y capacidades del país y de cada región en particular, para generar procesos de educación a distancia, los niveles de segregación y desigualdad educativa de cada comunidad y el tiempo transcurrido del año escolar.
Ahora bien, Fecode frente al retorno a las aulas: en ese debate el sindicato ha sido mal interpretado como el que tiene la alternancia parada, cuando son otros actores. “Nosotros no manejamos presupuestos, no nombramos maestros, no hacemos la infraestructura de las instituciones públicas, nada”; expresó en el mes de marzo un líder de esta organización sindical.
En dichas declaraciones, se afirma que el cerrojo en los colegios no lo puso la oposición de Fecode a la alternancia, sino los gobiernos locales. En sus cuentas, sólo se han ejecutado 64 mil millones de los 400 mil que el Gobierno asignó a través del Fondo de Mitigación de Emergencias (Fome) para protocolos de bioseguridad en colegios. Si bien es cierto, que atravesamos el tercer pico de la pandemia, es momento de tomar decisiones.
Ahora bien, se debe recordar que no existe una receta única para todos los países. La pandemia está afectando de diferente manera —y con distinta intensidad— a cada país, y ante la forma en que evoluciona la crisis se requieren respuestas rápidas, innovadoras y adecuadas a las necesidades locales.
Además, las nuevas condiciones han requerido que el profesorado utilice plataformas y metodologías no presenciales o virtuales, con las que no necesariamente se encontraba familiarizado y que llegaron para quedarse, ya que aunque ansiamos una anhelada “normalidad”, muchos procesos continuarán dispuestos desde la virtualidad para seguir generando en la comunidad educativa una transformación a largo plazo.
Finalmente y dadas las próximas etapas de la pandemia y los fenómenos o procesos de crisis mundial, futuros o con los cuales ya convivimos —como el cambio climático—, es cada vez más frecuente que en los discursos de actores clave se señala la necesidad de repensar la educación, priorizando nuevos contenidos a la preparación de los estudiantes para comprender la realidad, convivir y actuar en tiempos de crisis e incertidumbre, tomar decisiones a nivel individual y familiar e impulsar soluciones colectivas que aporten de forma concreta en las comunidades.
“Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos.” Séneca.



