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La frontera: un elefante en la habitación

El 14 de febrero de 2020 se instaló una carga explosiva que destruyó una parte de la carretera que comunica a Cúcuta con Ocaña. En ese momento se sospechó del ELN, pues en días recientes habían anunciado un paro armado. Tres días después fueron instalados y detonados explosivos en tres puntos del Área Metropolitana de Cúcuta: Puente García Herreros, La Parada y La Merced. Se culpó al ELN como responsable de estos actos.

Dos días después de los atentados en Cúcuta, el ministro de defensa visitó la ciudad y anunció que llegarían 360 soldados para controlar “corredores estratégicos” y consolidar el “plan especial fronterizo” con el fin de contrarrestar a los grupos armados. Se prometió que las acciones de la fuerza pública serían evaluadas mensualmente.

Tres meses después de la visita del ministro de defensa murieron dos uniformados de la policía en la zona rural de Cúcuta. Una carga explosiva fue detonada a su paso. En esta área hacía presencia el ELN y Los Rastrojos. “Las informaciones de inteligencia no nos indicaban que hubiese campos minados”, dijo el entonces director de la Policía Metropolitana.

En octubre pasado la policía frustró un ataque con explosivos que se iban a detonar en Atalaya y en el sector del Puente Internacional Simón Bolívar. El director de la policía asignó al ELN la responsabilidad de estos hechos.

El 23 de febrero de 2021 un grupo de soldados fue atacado en la zona rural de Cúcuta. Once militares resultaron heridos y dos fallecieron. El ministro de defensa asignó la responsabilidad de este hecho al ELN y agregó que esto sucedió porque el ELN ha sentido la presión del ejército a partir de la captura de sus cabecillas y la afectación a sus fuentes de financiación.

Pasaron dos semanas y el 5 de marzo de 2021 se conoció una alerta de bomba en la vía Cúcuta-Ocaña, a la altura del sector de La Curva. El ejército y la policía controlaron la situación y descartaron la amenaza de explosivos. El camión cisterna, utilizado para bloquear la vía, fue pintado con las siglas ELN.

Los ingleses suelen decir que hay un “elefante en la habitación” cuando existe un gran problema con el que nadie quiere lidiar, que incomoda a quienes están involucrados y que continuamente se ha evitado atender de fondo. El hecho atroz que ocurrió esta semana en la frontera es solo una parte de lo vivido en los últimos años y dejó en evidencia un “elefante en la habitación” de las autoridades encargadas de garantizar la seguridad. Un problema que no se ha atendido de fondo, que no puede ser ignorado por más tiempo y que los gobiernos nacional y regionales deben replantear más allá de los consejos extraordinarios de seguridad.

Kenny Sanguino Cuéllar

Profesor investigador Universidad Libre de Colombia – Seccional Cúcuta

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