Como seres humanos, nos hallamos en la búsqueda constante de la verdad; la verdad como una esperanza anhelada por cada uno de nuestros corazones; buscamos la verdad en cada circunstancia, a través de cada uno de nosotros, a través de cada persona. Tanto es el afán por la verdad, que creemos encontrarla a la vuelta de la esquina; en cada noticiario y cada periódico que nos vende su propuesta de la verdad, arraigan las conveniencias de quienes representan. Nos convertimos en una sociedad consumista de la verdad idealizada a través de mecanismos de manipulación.
En nuestra exhaustiva búsqueda, encontramos como respuesta lo que los demás quieren contar, la verdad desde cada una de las personas que nos rodean; puntos de vista diferentes, verdades inconcretas, inconclusas, verdades al arbitrio de quien se beneficia, verdades fabricadas.
Ya ni la responsabilidad y ética profesional del periodismo o medio de comunicación se preocupan por la veracidad de la verdad. Vivimos en un mundo donde las circunstancias crean verdades al antojo de quienes pretenden manipular, una realidad al arbitrio de sus conveniencias, al arbitrio de sus intereses. En tiempos como estos, tiempos de politiquería, siempre existirá ese Robín Hood haciendo su papel de héroe desenfrenado tratando de engañar y persuadir a un pueblo desangrado, a un una sociedad con las cicatrices de una guerra que ha perdurado a través del tiempo por más de 50 años, que ha generado odios en nuestros corazones y que ha creado en nosotros un pensamiento sensible, que nos hace razonar con el corazón y no con el raciocinio analítico y crítico sobre la realidad de nuestro país.
En momentos como estos es necesario llamar a la cordura, llamar al entendimiento y poder lograr ser cauto a la hora de entregar nuestra confianza a quienes ostentan el poder en nuestro país. No lo hagamos por ideales políticos (nos hemos dado cuenta de que el único ideal es el poder), no lo hagamos creyendo en la difusión de lo que vemos o escuchamos en los medios de comunicación (pues no dicen la verdad), debemos detenernos un momento y pensar dónde estamos y para dónde vamos, debemos poder entender que a pesar de nuestras diferencias, siempre al final pretendemos encontrar la tranquilidad y la paz; debemos ponernos de acuerdo por un solo momento para lograr tomar una decisión única y consensuada acerca del futuro de nuestro país.
¡Dejémonos ya de matarnos los unos a los otros por diferencias políticas e ideales fundados! (son mentiras). Dejemos de mirar al otro como un desconocido, como un adversario, veamos en los demás una oportunidad para poner en la mesa las ideas y propuestas que verdaderamente nos convienen y poder así tomar decisiones entre todos. Dejemos de creer en esta payasada a que nos someten cada cuatro años estos individuos de saco y corbata, estos individuos que solo quieren llegar al poder y que no son dignos de representar a un pueblo, tan solo son los actores de las circunstancias, actores con una gran avaricia por el poder, solo para quedarse allí y para beneficio propio y de sus amistades, todo a costa de nosotros mismos, de nuestra confianza depositada en ellos. Rojo, azul amarillo, no importa la bandera, todos quieren lo mismo… ¡El poder!
La esperanza yace en saber que, a pesar de las circunstancias, poseemos un don excepcional: ¡la memoria!




1 comentario en “LA VERDAD EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA”
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