Hoy: Sáb, agosto 15 2026

Mujer o Líder ¿O las dos?

Es inusual la llegada de mujeres a posiciones de alto nivel en nuestro país. Suena fantasioso imaginarnos desde la primera línea de una organización. Percibimos  ambientes desconcertantes frente a “nuestro carácter débil y exasperante”, resultado de la falta de confianza y la poca empatía por seguir lineamientos “femeninos”, basados en la caracterización de género y no en hechos concretos de éxito.

Desde luego, no solo sucede en el ámbito empresarial. En el sector público, se han popularizado las iniciativas para encaminar a la mujer hacia la ocupación de cargos en entidades del estado, situación que conlleva a la manipulación bajo la excusa de encontrar una imagen “inocente, incompetente y fácil de manejar” para gobernar en cuerpo ajeno.

Mas allá de recaer en conceptos repetitivos de defensa de género, quisiera plantear una revisión del manejo de la actual pandemia en diferentes países direccionados por mujeres, ejemplo clave para entender las causas y consecuencias del liderazgo femenino.

Si bien es un poco osado determinar que la práctica de autoridad en una mujer es la pócima secreta para sobrevivir a crisis como la que vivimos actualmente, es pertinente detallar que los territorios con menores  consecuencias frente al COVID, han tenido en común el liderazgo de mujeres desde diferentes sectores. Tal es el caso de Finlandia, Alemania, Islandia, Noruega, Taiwán y Nueva Zelanda; naciones que han mitigado los riesgos y han asentado el positivismo hacia el demandante escenario de vencer el virus en plazos cercanos.

Ahora bien, mi reflexión invierte el orden de las causas del éxito: ¿y si no son estas mujeres las verdaderas heroínas sino las sociedades que se han arriesgado a escogerlas como líderes?, así cobraría mucho más sentido tener como referente países tan distantes a nuestra realidad.

Es de esta forma como encontramos una relación directa entre la efectividad en el liderazgo de estos países y la disminución de sexismos en todas las líneas del poder, sin importar la naturaleza del sector. Aquí es donde nos preguntamos si pueden cohabitar el mandato de una mujer con la arraigada cultura de desigualdad en todos los frentes sociales.

Aún así, es retante gestionar cambios a corto plazo en nuestra cultura. Debemos empezar por la divulgación constante de un ambiente igualitario, donde las mujeres puedan acceder cada vez más a posiciones de alto nivel y sean tratadas como coequiperas ante los retos del presente. ¿Cómo hacerlo realidad? Es una pregunta con enfoque individual, pues hacernos responsables desde la práctica personal, resulta el método más efectivo en la generación de una transformación social. Nada puede obligarse si no hay un convencimiento propio.

Un liderazgo femenino deslumbra coraje, flexibilidad, empatía, colaboración y plena consciencia del cuidado, sin dejar la objetividad a un lado. Lo anterior no solo compagina con las cualidades necesarias para hacerle frente al panorama actual, también efectuaría avances palpables en la sociedad, cansada de liderazgos retrógrados.

Hay que entender que no se exige un país liderado plenamente por mujeres; queremos es seguir presenciando la llegada de mujeres a la cima sin trabas y prejuicios, afrontando de una vez por todas la evolución de nuestro rol en la sociedad.

¿No es acaso una solicitud justa teniendo en cuenta los resultados de décadas marcadas por la aversión hacia la mujer como líder, no propiamente del hogar?

Juliana Ramírez Herrera

Profesional en Marketing y Negocios Internacionales
Especialista en Gerencia de
mercadeo de la Universidad Javeriana. Twitter:@juli250

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