Hoy: Sáb, agosto 15 2026

Después del coronavirus, ¿A qué nos dedicamos?

Solo hasta ahora, que en buena parte del mundo han iniciado los programas de vacunación, la gente empieza a pensar que el fin de la pandemia y el regreso a la vieja normalidad están cada vez más cerca. Sin embargo, la complejidad del comportamiento del coronavirus y el avance de otro tipo de amenazas de carácter global no nos permiten ilusionarnos completamente con que el mundo vuelva a ser exactamente igual que antes, o al menos, no tan pronto.

Supongamos por un momento que en un plazo corto o mediano el mundo logre superar el COVID-19; ¿y ahora qué?, ¿asunto resuelto?, ¿algún otro fenómeno similar amenazará nuestros hábitos de vida? Existe un fenómeno que de no ser atendido a tiempo y de forma eficaz, no solo modificará drásticamente nuestros hábitos de vida, sino que hará imposible la existencia de la vida humana en este planeta. Dicho fenómeno se denomina cambio climático.

La pandemia ocasionada por el coronavirus puso en evidencia lo fatal que resulta atender los problemas cuando estallan en la cara. Siempre será más efectivo y menos costoso prevenir que sanar. No obstante, el ser humano tiende a ser cortoplacista y las agendas políticas de los gobiernos nacionales pocas veces dan prioridad a un problema tan serio y fatal como lo es el calentamiento global.

Son varios los informes técnicos que han sentenciado que el 2050 es la fecha límite. Menos de treinta años para dar reversa a hábitos de consumo y modos de producción totalmente incompatibles con este planeta. Debido a esto, entre otros motivos, surge el curioso afán del hombre por encontrar otro planeta con condiciones de habitabilidad para la especie humana. Si los planetas pudieran hablar, vaya uno a saber qué opinión tendrían en cuanto a la posibilidad de que tan distinguidos inquilinos lleguen a ocuparlos. Y si el planeta tierra pudiera enviarles una carta, ¿qué diría sobre nosotros? Tal vez no nos recomiende de a mucho.

Estos informes plantean escenarios futuros basados en el estado actual de las cosas. Imaginen un 2050 en el que más de 1.000 millones de personas se desplazan de sus países en búsqueda de alimentos y mejores temperaturas, la producción de alimentos disminuye y algunas de las ciudades más pobladas del mundo se asemejan a pueblos fantasmas mientras otras no encuentran como retener la entrada de los migrantes. Puede parecer hollywoodesco, de la misma forma en que se habría juzgado a un comentario hace cinco años de alguien que predijera la llegada de una pandemia mundial. Nadie lo hubiera creído.

Sin embargo, parece ser que el asunto del cambio climático es cada vez más tenido en cuenta por las personas entre sus preocupaciones. A pesar de la pandemia, casi dos tercios de las personas en todo el mundo ven ahora el cambio climático como una emergencia global. Ese fue el principal hallazgo de la encuesta de opinión más grande que se haya realizado hasta el momento sobre la lucha contra el calentamiento global.

Más de un millón de personas en 50 países participaron en la encuesta, y casi la mitad de los participantes tenían entre 14 y 18 años. La encuesta, llamada “People’s Climate Vote”, fue organizada por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas en conjunto con la Universidad de Oxford, llevando a cabo la distribución de encuestas a través de anuncios en aplicaciones de dispositivos móviles en 50 países, entre octubre y diciembre del año pasado.

En todos los países, el 64% de los participantes vieron el cambio climático como una emergencia, que requería respuestas urgentes de los países. En general, era más probable que los jóvenes estuvieran de acuerdo con la opinión de que el aumento de las temperaturas era una emergencia, con casi un 70% a favor. Para las personas mayores de 60 años, esto se redujo al 58%.

De otra parte, los organizadores de la encuesta concluyeron lo siguiente: “en lo que respecta a la demografía, algo que vimos muy claramente fue que existe una alta correlación entre el nivel de educación y la creencia en la emergencia climática. Cuanto más educado se es, más probabilidades se tendrá de creer que existe una emergencia climática”. Y me permito añadir otra conclusión, entre otras cosas, muy obvia: entre más joven se es, más tiempo se ha de sufrir los efectos del calentamiento global. Una persona que actualmente tenga 70 u 80 años de edad, seguramente no conocerá algunos de los escenarios apocalípticos del cambio climático, mientras que a un niño de 10 años o a un joven de 20 les espera ver la película completa.

Y es en esta misma línea de ideas que causa mucha curiosidad y admiración cómo un tipo como Bill Gates, al que con buena alimentación y ejercicio le quedarán unos 20 años más de vida en esta tierra, se ha obsesionado con dejar este lugar mejor de lo que lo encontró. Mejor aún, se ha propuesto intentar salvar las posibilidades de que los humanos sigamos habitando la Tierra. Por este motivo ha lanzado su reciente libro titulado “Cómo evitar un desastre climático: Las soluciones que ya tenemos y los avances que aún necesitamos”. Una lectura recomendada para los interesados en esta materia y para los admiradores del filántropo.

Esfuerzos como los de Gates plasmados en un libro pueden generar un impacto enorme, siempre y cuando las personas se interesen por escuchar o leer lo que referentes en el tema, como él, tienen por decir. La conciencia ciudadana mundial puede llegar a ser incluso más decisiva que la actitud de los gobernantes, puesto que la una presiona a la otra; un pueblo educado en este asunto sabrá elegir a gobernantes con la actitud correcta frente a esta emergencia.

Al parecer estamos a tiempo de aprender sobre el tema y tomar las medidas correctivas a tiempo, en lugar de caer en la paranoia, la improvisación y la desinformación, como nos ha ocurrido con el coronavirus.

Carlos Barriga M.

Internacionalista
Especialista en Gerencia de Empresas
Universidad del Rosario
Twitter: @CarlosBarrigaM

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