Ha casi un mes de celebradas las votaciones de segunda vuelta presidencial en Perú, procesadas el 100% de las actas electorales, el ganador es Pedro Castillo candidato de izquierda del partido Perú libre, por una diferencia de solo 44,000 votos. Todavía no se ha resuelto las denuncias de nulidad interpuestas por el partido Fuerza Popular de la candidata Keiko Fujimori, pero los más seguro es que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) las desestime y se de oficialmente como ganador a Pedro Castillo. Del proceso electoral peruano se pueden aprender varias lecciones para lo que serán las próximas elecciones presidenciales en Colombia.
Lo que vemos en el caso peruano es una atomización del sistema de partidos, los partidos tradicionales han perdido representatividad, los nuevos partidos son plataformas de políticos populistas y de políticos que se quedan sin lugar en los partidos tradicionales, en síntesis, hay muchos partidos y todos con poca representatividad. En la primera vuelta en Perú se presentaron por distintos partidos y movimientos políticos 18 candidatos presidenciales, y lo más complejo es que de esos 18 candidatos al menos 8 tenían opciones de pasar a segunda vuelta, estos marcaban en intención de voto menos del 10% según encuestas próximas a la primera vuelta, lo cual marca una clara fragmentación del voto que imposibilita que los candidatos logren un amplio respaldo y la consecución de mayorías. Nosotros a casi un año de las elecciones presidenciales contamos con más de 40 políticos entre candidatos y precandidatos con aspiraciones a la presidencia de la república, lo más sano y lógico sería la realización de consultas entre candidatos y partidos que permitan llegar a acuerdos y presentar candidaturas unificadas con amplio respaldo ciudadano.
En Colombia al igual que en el caso peruano están apostando a dividir la ciudadanía y los electores, no a partir de propuestas, visiones de país, de la política, del papel del estado o la economía, sino a partir del odio visceral hacia un sector político, configurando la identidad del elector a partir de la oposición al otro, la clásica distinción schmittiana entre amigo-enemigo, donde no se vota por alguien sino en contra de alguien, en Perú esa división fue entre fujimorismo y antifujimorismo, factor fundamental para la victoria de Castillo.
Traslapando de manera arriesgada esa lógica al contexto colombiano es clara la intensión de dividir al país entre uribismo y antiuribismo. Candidatos que tienen un techo electoral rígido como Gustavo Petro, el cual cuenta con una base electoral bastante definida y fuertemente ideologizada, sabe que tiene poco margen para ampliar esa base electoral, por eso le apuesta a la división, sino quieren votar por él que voten en contra del uribismo. El uribismo ya no viene a ser un sector político que representa a cierta parte de la ciudadanía, sino es ese enemigo existencial el cual hay que derrotar bajo cualquier lógica, por eso lo que no sea el antiuribismo encarnado en Petro, es simple y llanamente Uribismo.
Finalmente el papel de las instituciones será fundamental, se pondrá a prueba el sistema democrático y las instituciones que lo constituyen, va a ser muy probable que tengamos una elección bastante reñida, con una diferencia de unos cuantos miles de votos entre un candidato y otro, si con una diferencia de más de dos millones de votos en las pasadas elecciones no han cesado las acusaciones de fraude electoral, en estas próximas elecciones no será distinto, por eso tiene que ser claro y transparente el proceso electoral para que no se de pie a lo que está viviendo hoy Perú, un escenario de incertidumbre y tensión institucional, a esto súmenle las amenazas y acusaciones de golpe de estado que cada tanto surgen y que en las próximas elecciones es muy probable que reaparezcan, como sucedió en Perú frente a los llamamientos de golpe de estado las fuerzas militares deberán mostrar de manera contundente su respeto y compromiso con las instituciones democráticas.
Finalmente, solo cabe esperar que esta sea una lectura restringida y pesimista y que no lleguemos a un panorama institucional y electoral como el peruano.




19 comentarios en “EL ESPEJO PERUANO”
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