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El suicidio en los primeros años de vida

Puede parecer asombroso y hasta increíble, que un niño de tan solo 8 o 9 años de edad pueda tener ideas de acabar con su vida cuando esta apenas inicia; aun así, el pasado 4 de septiembre un periódico local titulaba “Niño de 11 años se suicidó”, en el barrio Carora de la ciudad de Cúcuta.

Según un informe de Alianza por la Niñez, en el país durante los últimos cinco años se había presentado un fenómeno de crecimiento del 31 por ciento en el número de casos de suicidio en la población menor de edad. Esto es más alarmante si se tienen en cuenta los intentos de suicidio, mientras que en el 2016 las autoridades identificaron 6.016 intentos, en el 2019 la cifra aumentó a 9.975. Esto sin tener en cuenta los casos que normalmente no son reportados.

Por otro lado, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, desde el 2013 ha venido advirtiendo las cifras de crecimiento en este tipo de casos de suicidio entre los niños, niñas y adolescentes del país; inclusive en sus estudios incluye análisis psicológicos y psiquiátricos, los cuales aseveran que los niños menores de 8 – 9 años no poseen una concepción real de la muerte, por lo que es complejo hablar de suicidio en esas edades tempranas.

El psiquiatra infantil Julián de Ajuriaguerra, asegura que hay cuatro fases en la construcción del concepto de la muerte, la primera hasta los dos años de edad caracterizada por el desconocimiento e indiferencia. La segunda hasta los 4 – 6 años de edad donde se tiene una percepción mítica de la muerte, como algo temporal y reversible. La tercera, hasta los 9 años donde se piensa que tras la muerte la persona sigue existiendo en otro tipo de vida. Y por último la cuarta, donde se entiende la irreversibilidad de la muerte.

Ahora bien, durante este 2020, por el fenómeno de aislamiento obligatorio, las cifras nacionales muestran una reducción; entre enero y junio de 2019 se contabilizaban 146 suicidios y este año se registran 113 durante el mismo período.  No dejan de ser alarmantes, pero nos permiten intuir que la permanencia de los padres en casa compartiendo tiempo en familia pudo haber incidido en esta disminución.

Aunque en Colombia y Norte de Santander el suicidio no es la primera causa de muerte violenta, no se debe interpretar por esto que los casos de suicidio en Colombia son pocos, sino entender que aquí el número de homicidios es bastante mayor. Por esta razón las estrategias para abordar esta problemática deben ser claras, desde las familias, instituciones educativas, comunidades y sociedad en general.

Generar espacios protectores en los cuales los niños, niñas y adolescentes sientan tranquilidad de hablar sobre sus pesares y los cambios que afrontan producto de su edad.  Solo en este periodo de cuarentena, pensemos en lo mucho que les ha costado a los adultos mantenerse en casa y distanciados, pues para ellos es mucho más complejo, sumado a explorar nuevos límites, su independencia y autonomía, las nuevas relaciones entre pares; esto, sumado a la explosión hormonal, son un buen caldo de cultivo para experimentar una conmoción en emociones y comportamientos.

Debemos unirnos como sociedad en la protección de la infancia, este tipo de datos no son para asustar, sino para generar conciencia en madres y padres con sus hijos, unirlos en la crianza amorosa y empática, no solo contra el suicidio, sino hacerlos resilientes, fuertes emocionalmente y capaces de resistir esta y otras pandemias y cambios que los pondrán a prueba.

La estigmatización es la mayor barrera para la prevención del suicidio.

Andrea Torrado

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