Para Aristóteles, el fin por el cual los hombres participan en política es el ideal de felicidad. Sólo una comunidad donde todos busquen el bienestar de todos podrá lograrse ese ideal. La política es pues ser feliz dentro de una sociedad feliz.
Que diferente era la concepción de la política en aquellos que la vieron nacer y la vivieron en sus días, pues la definición de política ha cambiado profundamente, Política es para nosotros aquella actividad de los que poseen o esperan posee el poder dentro de un estado. El objetivo natural de la política parece haber cambiado, ya no es el de buscar la felicidad para quienes nos rodean, sino el de obtener y acapara el poder a toda costa.
Pero para el gran Aristóteles, quien fuera muchísimo más crítico que su maestro Platón, ya se atisbaban esas problemáticas futuras dentro de aquello que concierne al estado, que los griegos llamaban “Politeia”. Aristóteles utiliza dos criterios fundamentales en la teoría de las formas de gobierno a la hora de definir la naturaleza del estado. El de cualidad: que determina la naturaleza de los gobiernos, es decir si son buenos o malos gobiernos; y el criterio de cantidad, que determina el número de aquellos que están en el poder: o unos o pocos o muchos.
Aquello que define si bueno o recto, o si por otra parte es malo o desviado, es el hecho de dejar de lado el gobernar para el bien y la felicidad común y utilizar el poder en beneficio exclusivo de una parte y no del todo.
Aristóteles expresa que existen mayoritariamente tres formas de gobierno “Buenos o Rectos”, cuando gobierna una persona para el bien común se llama Monarquía; cuando gobiernan unos pocos hombres rectos y sabios en búsqueda del bien común se llama Aristocracia; y cuando los ciudadanos participan del poder se llama Republica. El respeto a la ley y al equilibro social hacen parte de todas las formas rectas de gobierno.
Ahora bien, debemos preguntarnos, ¿Si la Republica es la forma correcta… cual es la forma incorrecta en la que gobierna la mayoría? Aunque la respuesta nos parezca en primer lugar ilógica o aberrante, esta forma de gobierno errado se llama Democracia. Justamente la piedra central de los altares que se han elevado alrededor de aquello que llamamos estado moderno. “La democracia más antigua de América latina” dicen muchos cuando se trata de Colombia, y aunque lo dicen como alago tiene ahora un tinte más bien irónico.
Pero bien, ¿cómo define Aristóteles esta malvada forma de gobierno? La Democracia es el gobierno de las mayorías, que buscan eliminar o expulsar a las minorías. La masa contra el individuo, la colectividad contra el ser. Un gobierno lleno de apetitos y deseos, de lo que hoy algunos llaman populismos o clientelismos.
Toma un nuevo significado la expresión de “La democracia más antigua de América Latina”, pues la ironía de su existencia misma es la representación de la historia de Colombia como país, la de la mayoría queriendo silenciar a quien piensa diferente, la de las guerras civiles como medio para destruir, al contrario, la de los asesinatos de opositores que representan “un peligro para la estabilidad de la democracia”. Y aunque esta sea simplemente una pincelada dentro de un cuadro mucho, muchísimo más amplio de aquello que es la vida política y la historia de Colombia, no le resta valor a la razón misma de la expresión. Es necesario instaurar una verdadera y saludable Republica que sepa solucionar y contrarrestar los males de nuestra actual y cada vez más decadente Democracia. Los síntomas de enfermedad dentro de la misma se han vuelto en los últimos tiempos completamente palpables y mucho más visibles que en tiempos pasados, Corrupción, clientelismo, populismo, ineficiencia, inoperancia, desigualdad, ese mórbido crecer de la palabrería politiquera y del olvido de la historia, de hablar y hablar sin actuar y del actuar contrario a lo que se ha hablado.
Es momento de que nosotros como individuos y colectividades, pero sobre todo como ciudadanos libres y consientes que somos, construyamos la República que tanto hemos anhelado durante más de 200 años. Que las banderas de todos esos grandes hombres de la historia nacional que todos conocemos y cuyos nombres resuenan en la tierra misma y en el alma de los colombianos nos marquen el camino a seguir en la búsqueda de un nuevo amanecer político, de un nuevo horizonte republicano para los tiempos futuros.




1 comentario en “La democracia más antigua de América Latina”
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