“No se nace mujer, se llega a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; la civilización es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica como ‘femenino’”, fueron las palabras de Simone de Beauvoir en los años 70.
En este sentido, se podría sostener que las mujeres como sujeto individual nos construimos socialmente por estereotipos femeninos que responden a un sistema cultural; ahora bien, existe una representación en la cual la responsabilidad primordial recae en un papel reproductor.
Hoy en día las mujeres asumimos papeles “masculinos” o de mando sin que ello conlleve perder la feminidad, así como a sentirnos parte de movimientos sociales sin necesariamente participar de forma activa en estos.
Por esta razón, hoy las mujeres no necesitamos ser parte de un movimiento feminista o ser militantes en ellos para tomar conciencia de nuestro papel en la sociedad.
Más allá del género del individuo, cada ser humano posee una conciencia y una valoración de su dignidad; en el caso de las mujeres tiene un valor agregado debido a que cada una de nosotras ha interiorizado como propios los logros, reconocimientos y modificaciones sociales por las que lucharon nuestras predecesoras.
Actualmente, la presencia de mujeres en la política, la economía y el arte es mucho más fuerte;; pese a ello, se requiere de más participación en los diferentes ámbitos para generar y vencer ciertos estereotipos. No se trata de juzgarnos entre nosotras por usar tacones o hacer dieta, sino de hacer visibles los mecanismos sociales y culturales por los cuales nos sentimos constantemente presionadas a actuar o a vernos de determinadas maneras, cargando cualquier culpa sobre nuestros hombros, pues estamos sometidas a un doble estigma: si rechazamos ciertos patrones, como decidir no ser madres, somos objeto de burla o bullying, y si nos esmeramos demasiado en nuestra apariencia, nos tildan de postizas, porque además los nuevos estándares abogan por lo “auténtico”.
Se puede decir que el movimiento de mujeres o feminista ha dejado de ser parte de una lucha por una posición dominante, las mujeres de hoy tenemos un rol principal porque a partir de nosotras mismas, se generan cambios estructurales en la sociedad. Es decir, la capacidad de cambio está en nuestras manos como tejedoras de nuevas visiones para la mujer.
Uno de los principales espacios donde las mujeres debemos aumentar la participación, es la política y la comunicación, porque justamente la representación y participación de las mujeres en ellas es, a veces inexistente, a veces nula, o bien ficticia; en la llamada cuota de participación.
En conclusión, son valientes aquellas mujeres que se atreven a asumir liderazgos en escenarios casi inaccesibles, pero más valiente es apoyarlas, creer en sus capacidades y darles la oportunidad de romper paradigmas.
“Para liberarse, la mujer debe sentirse libre, no para rivalizar con los hombres, sino libres en sus capacidades y personalidad”.



