Desde hace ya varios años, se ha vuelto muy común escuchar o leer frases como: “se perdieron los valores”; “hay que rescatar los valores que se han perdido”. Pareciera como si alguien hubiera extraviado los valores o un grupo de personas los tuviesen secuestrados.
Y no hay tal.
Los valores siempre están disponibles para ser puestos en acción. Es como si tú estuvieras en un supermercado, te pusieras frente al Stand de Los Valores y observaras que allí están bien empacados: el respeto, la honestidad, el compromiso, la responsabilidad, la iniciativa, el entusiasmo, la paciencia, la justicia, la templanza, la solidaridad, la humildad, la integridad, entre otros, pero tú decides darte la vuelta y no llevar ninguno, tomar unos o tomarlos todos y usarlos.
Por eso, sea en nuestro lugar de trabajo, en la empresa que dirigimos, en el colegio o en la universidad, en nuestras familias, en nuestros círculos sociales, somos enfrentados a desafíos, tentaciones, éxitos laborales o personales, situaciones de alta complejidad, que permiten probarnos y demostrar si verdaderamente somos mujeres y hombres con valores.
¿Cómo reaccionamos cuando obtenemos un logro personal, por ejemplo, un mejor cargo con muchos más ingresos? ¿Somos humildes en la manera como nos relacionamos e interactuamos con los demás, o por el contrario, hacemos a un lado la humildad y empezamos a creernos mejor que nuestros compañeros y amigos?
Estamos en una fila en la farmacia de la EPS, esperando que nos entreguen unos medicamentos y hay algo de demora en la atención. ¿Mantenemos la paciencia o la perdemos fácilmente y empezamos a murmurar hablando mal de los colaboradores con el vecino de fila o incluso, llegamos al extremo de insultar a los trabajadores de la farmacia?
O somos aquellos que señalamos al politiquero corrupto que desfalca al Estado, sintiéndonos los más honestos del mundo, pero en muchas ocasiones no le vemos problema en pagar un soborno a una autoridad de tránsito para que no nos den un comparendo ante una violación de una norma o pagamos una coima para obtener un contrato público, para ser proveedores de una empresa privada o para agilizar un trámite que necesitamos “con urgencia”.
En este tiempo, en el que muchos a lo bueno llaman malo y a lo malo bueno, en el que varias personas aplauden al politiquero corrupto y se escucha decir: “no importa, roba pero hace”, en el que a la persona que denuncia un ilícito lo llaman “sapo” o al que envió erróneamente a otra cuenta, una transferencia en Nequi o Daviplata, por haberse equivocado le dicen “qué bobo, es su culpa, pierda la plata” mientras al que recibió la plata le dicen que “no la devuelva, la plata ya es suya”.
Hacer lo correcto a muchas personas no les interesa. La integridad se convierte en un “depende”, soy íntegro para unas cosas y para otras miro para otro lado. Sin duda alguna, un importante grupo de personas no le da el verdadero valor que tienen los valores y los usan, según sus intereses particulares. Y lo estamos viendo a diario, un ejemplo claro son aquellos candidatos políticos que por su afán de llegar al poder se autocatalogan como líderes de la anticorrupción, impolutos, adalides de la ética pública, no le ven problema alguno en hacer “alianzas programáticas” con políticos involucrados en corrupción (todo por las maquinarias de votos que tienen) o recibir financiación para su campaña de personajes oscuros que tienen negocios ilícitos, entre ellos el narcotráfico, el tráfico de armas, las extorsiones, el contrabando y otros.
Nuestra Cúcuta no ha sido ajena a estos fenómenos, lleva varias décadas permeada socialmente en varias esferas por antivalores, por la cultura de la ilegalidad, negocios montados con dineros provenientes de lavado de activos por narcotráfico o corrupción, “emprendimientos” que comercializan productos de contrabando o que fabrican productos de imitación (sin pagar por las licencias), negocios legales que se toman andenes para montar talleres o concesionarios de carros o motos, personas que parquean sus vehículos en zonas prohibidas o en andenes, entre otras realidades. Situaciones que se siguen presentando y sin que se noten cambios reales, deben llevarnos a que empecemos a tomar conciencia, actuemos y le demos valor a los valores, y llamemos las cosas por su nombre, legal a lo legal, ilegal a lo ilegal, correcto a lo correcto.
Los que creemos profundamente que hacer lo correcto es un camino certero para transformar las sociedades, debemos asumir un compromiso real mediante comportamientos correctos que sean ejemplo para muchos, siendo ciudadanos éticos, logrando que como miembros de la sociedad, entendamos la importancia de poner siempre en acción todos los valores existentes, para que esto genere real progreso, prosperidad y construcción de tejido social en nuestras localidades.




1 comentario en “¿LOS VALORES ESTÁN PERDIDOS?”
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