Con la salida de Carrasquilla se agrieta aún más la inestabilidad del gobierno nacional
Un nuevo capítulo se escribió a tempranas horas de este lunes en consecuencia con la polémica de la reforma tributaria. Como venían comentando diversos analistas y expertos a nivel nacional, la renuncia del ahora exministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla y su viceministro, Juan Alberto Londoño, estaban al caer.
Según se conoció, Carrasquilla y Londoño se reuniron con el presidente Iván Duque para presentar su renuncia.
Este hecho se da luego de que Duque haya retirado la reforma tributaria del Congreso, que por cinco días ha generado múltiples protestas y caos en algunas ciudades del país que, por momentos, se han visto opacadas por las vidas perdidas y los bienes materiales vandalizados.
Todo ello en el marco de una serie de exigencias de parte de la ciudadanía en las calles que busca, no solo tumbar la reforma tributaria, también la reforma a la salud y conseguir otros puntos como, precisamente, ‘la cabeza de Carrasquilla’ por dicha situación.
De igual forma la salida de Carrasquilla venía sonando desde hace semanas, pues el mismo gobierno lo postuló para que fuera presidente de la CAF – banco de desarrollo de América Latina.
Pero, ¿quién es Alberto Carrasquilla?
Conocido popularmente como el Niño Dios de los Empresarios, ocupó el mismo cargo durante el gobierno del expresidente, Álvaro Uribe Vélez entre 2003 y 2007, recordado hasta ahora por haber protagonizado el escándalo de los Bonos de Agua, que eran unos créditos que se le daban a los municipios para que tuvieran alcantarillado y agua potable, y que hoy tienen a 1’223.450 habitantes sin conexión domiciliaria al servicio de acueducto y a 1’903.226 sin acceso al servicio de alcantarillado sanitario.
Carrasquilla impulsó la creación de esos bonos cuando era Ministro de Uribe, y luego cuando salió del gobierno se convirtió en socio de una empresa que fue la gran acreedora de los beneficios que dejó la compra y venta de esos bonos que dejaron a 117 municipios endeudados por 19 años y sin los recursos necesarios para saldar una deuda de la que, al parecer, no tuvieron mucha información al adquirir.
¿Por qué el Niño Dios de los Empresarios?
Protagonista de varias polémicas que lo han llevado a ser señalado de tener la ‘maña’ de ponerle toda la carga a los ciudadanos y darle todos los beneficios que sean necesarios a los empresarios, mediante el anticuado modelo con el que ve la economía: la Torre de Copas, que consiste en llenar la superior (el gremio empresarial) y, de ahí para abajo, el líquido sobrante (dinero) irá llenando a las demás. Denominado La Teoría del Goteo.
De esa manera el exministro siempre ha querido bajar los impuestos a las empresas sin una retribución clara y concisa en beneficio del país.
Cuando era Ministro de Hacienda de Uribe, hizo que se aprobara la Ley 963 de estabilidad jurídica, que congelaba los impuestos hasta por 20 años a empresas que hicieran ciertas inversiones, a cambio de que el país, recibiera pequeños porcentajes de esa inversión.
Aumentó el número de zonas francas (sí, como la que hay en Cúcuta y de la que poco se sabe) pero básicamente son unos espacios especiales donde las empresas no pagan ni impuestos ni aranceles por las materias primas que entren al país y en este caso de Cúcuta.
Asimismo, quitó el impuesto del 7% de remesas industriales al exterior, que es la plata que manda una empresa de Colombia por fuera del país.
Aunque organizaciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (FMI), le apuestan a otras teorías económicas para el desarrollo de la población, Carrasquilla, fiel a sus principios, quería llevar a Colombia por esa burbuja en la que una docena de huevos vale 1.800 pesos.
Lo que viene
La salida de Londoño, suponiendo que se va, deja a Duque sin su principal carta para poder concertar una nueva tributaria en el Congreso, pues él había sido el portavoz de la reforma en redes sociales y el negociador con los congresistas.
¿La reforma ha sido eliminada?
No del todo. Acompañado de la mayoría de sus ministros, pero curiosamente sin la presencia de Carrasquilla, Duque pidió al Congreso retirar el proyecto e hizo un llamado a sectores políticos, económicos y académicos para construir uno nuevo consensuado.
“…construir una nueva iniciativa a partir de los consensos que nos permita buscar los recursos necesarios para pagar los gastos de la pandemia y garantizar las ayudas sociales que se requieren”, dijo el mandatario nacional.
Esas ayudas sociales claramente son Jóvenes en Acción, Ingreso Solidario, entre otras iniciativas que poco o mucho sí hay que reconocer que aportan un granito de arena en la reducción de brechas sociales en el país.
El retiro de la presente reforma tributaria, en respuesta a la presión de la movilización ciudadana, era inevitable dada la tensión que se vive en las calles de Colombia y que no cesa, producto de los malestares sociales que ha generado la actual administración nacional desde el 2019.
Y es que, en campaña y durante la primera mitad de su gobierno, Iván Duque tenía una visión económica clara: bajar impuestos a los empresarios; era el camino que tenía en su mente para que la economía creciera, y a la vez, al país le dijo que tendría menos impuestos y más salarios en un marco narrativo ya predecible para la población: no convertirnos en Venezuela.
El fracaso de su estrategia política y de comunicaciones ha sido estruendoso, y la debilidad del presidente en momentos de crisis no solamente quedó una vez más en evidencia, sino que tenderá a agudizarse con el caos que generó la reforma tributaria y la de la salud.
Dicen los expertos que será muy difícil que en adelante logre impulsar iniciativas que no dependan nada más del Gobierno. Incluso en estos casos, el riesgo latente de las protestas hará que dependa cada vez más de la Fuerza Pública, un escenario peligroso que le ha generado más oposición política, gremial, empresarial, social, sindical y estudiantil
El mal manejo de las comunicaciones
Duque no ha sabido compensar las limitaciones de su inexperto equipo político y leyó mal el momento para lanzar una reforma tributaria. Con las situaciones que se están dando, el presidente cruzó el límite que se había trazado, hiriendo aún más su credibilidad.
En Colombia hay por lo menos 70 mil familias en duelo por la muerte de un ser querido por coronavirus; 3,6 millones cayeron debajo de la línea de la pobreza el año pasado y varios millones más de la clase media perdieron sus empleos. En esta coyuntura, el liderazgo del presidente y su capacidad de comunicarse con los ciudadanos se limitan a un programa de televisión que cuesta miles de millones de pesos.
Son mínimo tres horas diarias del tiempo del presidente —su recurso más valioso— invertidas en la herramienta de comunicación que ha reemplazado a las ruedas de prensa del Palacio, que Casa de Nariño eliminó en la pandemia y que, hoy día, muchos aseguran que también se debe a la huida del mandatario a la prensa de posición.
¿Qué más viene?
Con la pandemia las finanzas del Estado sufrieron dos golpes: por un lado, el Gobierno aumentó sus gastos para cubrir los costos de las vacunas, comprar elementos de protección para el personal de salud, dar subsidios a los más pobres y a las empresas.
Por el otro, como la actividad económica se paralizó empezó a recibir menos ingresos de impuestos. Como consecuencia, para cubrir los gastos el Gobierno empezó a depender más de la deuda. El déficit fiscal para el 2021 es superior al 8 por ciento, el más alto desde que hay registros.
Para este año se estima que el Gobierno tome 94 billones de pesos prestados de inversionistas, banca nacional e internacional (eso es cerca a una tercera parte del presupuesto general de la Nación, y 17 billones más que la deuda de 2020).
Pero como la situación de los bajos ingresos y los altos gastos siguen, los inversionistas necesitan que el Gobierno les mande una señal de que tiene cómo arreglar ese desequilibrio fiscal, y de ahí la urgencia de la reforma tributaria.
De no conseguir más ingresos y reorganizar el gasto, es posible que el país pierda su grado de inversión y los inversionistas bajen su apetito por la deuda colombiana. Eso en la práctica implica que al Gobierno le saldría más caro endeudarse y el hueco podría aumentar más rápido.
De hecho, según reportó Bloomberg algunos bonos (deuda) de Colombia en dólares ya son catalogados como basura por inversionistas extranjeros, justamente porque temen que Colombia no va a poder equilibrar sus finanzas en el corto plazo.
Así las cosas, una reforma tributaria, así sea para tapar parte del hueco fiscal, es necesaria. Pero, según los expertos y dada la situación actual, no es claro que pueda recaudar ni una fracción de lo que se necesita.
Esta debacle tendrá implicaciones en otros frentes. Ahora el presidente tendrá que evaluar si reconsidera su polémica propuesta de reanudar la fumigación con glifosato, que movilizaría a muchos en el campo. Y otros proyectos importantes, como la antes mencionada reforma a la salud, quedan en el limbo de esta nueva renegociación tributaria.
Eso reduce al Gobierno Duque a gobernar en sus últimos 15 meses con decretos de excepción, a depender cada vez más del uso de la fuerza para controlar la indignación en las calles y las limitaciones de la mala aceptación social.
¿Qué le depara a Cúcuta y Norte de Santander?
Dicen los académicos que, por ahora, esperar. Si bien el manejo de las manifestaciones ha sido en escala menor a comparación con otras ciudades del país, también es evidente el descontento de una ciudadanía enmarcada sobre todo por el activismo juvenil, donde se exigen acciones concisas para la generación de empleo que permitan reducir los índices de pobreza monetaria y de extrema pobreza, que se han agudizado por la pandemia y la poca intervención estatal en la región.



