Hace un poco más de 10 años, mientras entraba a la Facultad de Ingeniería, encontré una frase que hizo que cambiara la forma en la que veía la vida. “No me resigno a que cuando yo muera, el mundo siga como si yo no hubiera existido”, del sacerdote jesuita Pedro Arrupe. Con esa frase comprendí que nuestra vida debe trascender más allá de nuestras propias necesidades. Entendí que estar al servicio de los demás era mucho más satisfactorio que buscar únicamente mi propio éxito.
Es así como emprendí mi búsqueda de algo más grande, algo que me permitiera ayudar a muchas más personas y dejar el mundo algo mejor de lo que lo encontré. En esa búsqueda me topé con la JCI (Cámara Junior Internacional), una organización que por más de 66 años en Colombia ha formado grandes líderes con un valor en mente: “Servir a la humanidad es la mejor obra de una vida”.
Durante mis inicios como voluntario en la JCI, empecé a ver cómo un grupo de personas, sin ninguna remuneración, se reunían incontables noches y fines de semana adelantando proyectos en beneficio de distintas comunidades. Tuve la oportunidad también de visitar comunidades en situaciones de pobreza extrema, en donde al hacer el análisis de necesidades no nos alcanzaban las hojas para anotarlas todas, y por esta misma razón, trabajábamos con más fuerza y dedicación.
Cuando eres voluntario conoces distintas realidades sociales, y entiendes lo realmente afortunados que somos de tener lo que tenemos y a ser agradecidos con esto. Vamos por la vida dando por sentado el tener un techo, agua o electricidad; el tener todas nuestras extremidades o buen estado de salud; o cosas como tener acceso a internet. Ser Voluntario te hace ser más agradecido con la vida.
Al mismo tiempo, ser Voluntario es una motivación para adquirir nuevas habilidades, pero estas las buscas con el propósito de servir con mayor capacidad y no de ascender en tu carrera profesional. Aprendes a conectar con más personas, a coordinar proyectos y equipos, a gestionar recursos por todas partes y a ser mejor para dar lo mejor de ti mismo.
Además de todo lo anterior, hay un beneficio enorme de ser voluntario. Varios estudios han comprobado que las personas que realizan voluntariado son más felices. Si en algún momento te has sentido sin propósito, decaído o triste, ¡participa en un voluntariado!
Hoy por hoy, muchos de mis amigos y personas cercanas se siguen cuestionando por qué dedico tantas horas de mi vida a la JCI (Cámara Junior Internacional), pero para mí la respuesta es muy sencilla: “Servir a la humanidad es la mejor obra de una vida”. Si aún no has participado activamente en un Voluntariado, te invito a que te des la oportunidad de recibir el pago más gratificante de la vida, las sonrisas y el agradecimiento de miles de personas que ayudas en tu tiempo libre.



