SOBRE EL NUEVO “NUEVO LIBERALISMO”

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La decisión que tomó hace algunas semanas la Corte Constitucional de devolver la personería jurídica al Nuevo Liberalismo, abre el camino al surgimiento de una nueva fuerza política en el país, con el recuerdo ya difuso, pero siempre presente de lo que fueron y representaron las figuras de Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara Bonilla, esto es, el ideal de justicia, la dignidad del ejercicio de la política y la lucha contra la corrupción (representada en ese momento por la lucha contra el narcotráfico), ideario que sigue presente en la sociedad.

Todos los partidos tienen un mito fundante, giran sobre grandes líderes o sobre grandes ideas, la tarea del Nuevo Liberalismo será el hacer confluir esas dos visiones, recoger el legado de los líderes que construyeron el partido, pero más importante aún, recoger el ideario liberal y darle un lugar de representación en la institucionalidad, lugar que hoy no tiene en ningún partido político.

El Nuevo liberalismo tiene todo a su favor, pero esto no le asegura nada, serán las decisiones que tomen sus miembros los que determinarán su futuro, esto es, si se convierten en un partido político más o si son un revulsivo para la política tradicional del país. El partido tiene a su favor la novedad, no arrastra el desgaste y el descrédito que tienen hoy los partidos, tanto tradicionales como alternativos; no tienen el lastre de grandes escándalos de corrupción y se muestran como una fuerza de cambio y renovación de la política tradicional, no solo a nivel nacional, sino desde las regiones se le ve al Nuevo Liberalismo como un factor de cambio y ruptura con las órdenes clientelares que se han enquistado en todos los departamentos (Norte de Santander no es la excepción), y donde las grandes casas políticas han cooptado bajo redes clientelares el ejercicio de la política de los territorios, dejando pocas opciones para la participación política por fuera de estas redes.

La tarea del nuevo “Nuevo Liberalismo” que inicia con el reconocimiento de su personería jurídica y su participación en las próximas elecciones, tanto al Congreso como a la Presidencia, será pasar del discurso a los hechos, esto implica construir un partido fuerte, con mecanismos de democracia interna que garanticen y propicien el debate y la participación de amplios sectores, pasa también por la definición de principios ideológicos y programáticos claros que den sentido a la organización política, y por la rigurosidad de su militancia y de los candidatos que avale el partido, esto bajo criterios de probidad irreductibles, como indica  la definición del término probo: “honradez, integridad y rectitud en el actuar”. Finalmente, y no menos importante, será la construcción de un proyecto popular que recoja a amplios sectores de la sociedad bajo una visión de país.

Como dije antes, el Nuevo Liberalismo tiene muchas cosas a su favor, el momento Histórico, el ideario y la imagen de sus fundadores, la novedad y todo lo que va ligado a ello, pero todo esto no es garantía de nada, será la tenacidad de sus miembros la que haga realidad lo que hoy es solo una posibilidad. El fracaso del Nuevo Liberalismo sería el fracaso de mucha gente que cree y ve en el resurgimiento del partido una salida a la polarización y a la política tradicional; me arriesgo a creer que también sería un fracaso institucional, quedaría explícito el carácter cerrado del sistema político y su anquilosamiento bajo las redes clientelares.

Sebastián Suárez Ojeda

Estudiante Ciencia Política de la Universidad de Antioquia. Columnista, Analista político en Radio y Televisión. Twitter: @Sebaspolítologo

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