La polémica que se generó esta semana por la posible llegada de Luis Pérez, exgobernador de Antioquia, a la llamada coalición del Pacto Histórico que encabeza Gustavo Petro, más allá de la discusión sobre lo ético o no de esta decisión, tiene un trasfondo electoral claro, la apuesta de Petro por ganar en primera vuelta.
El primer análisis que realizaba sobre esta movida política tan particular, teniendo en cuenta cómo se está configurando el escenario electoral para el 2022, con la presencia clara de tres grandes coaliciones, que en términos de intención de voto marcan una muy segura segunda vuelta entre Gustavo Petro y un candidato de la coalición de centro izquierda (coalición Centro Esperanza) o un candidato de la coalición de centro Derecha, me llevaba a pensar que Petro había aprendido la lección de las elecciones del 2018, que para ganar en segunda vuelta y llegar a la presidencia iba a necesitar de la clase política tradicional, iba a necesitar de maquinaria para movilizar votos en regiones claves del país donde históricamente le ha ido mal, como es el caso de Antioquia, donde en segunda vuelta solo obtuvo el 21,97% de los votos emitidos en el departamento.
En una segunda vuelta la disputa de estos departamentos sería crucial para que no se repita el fracaso del 2018. La entrada de Luis Pérez buscaría cerrar esa brecha de votos que se produce en el departamento, hay que recordar que para las elecciones a la gobernación de Antioquia del 2016 Luis Pérez obtuvo 814.021 votos, a este antecedente súmele, como se dice popularmente, el “bolígrafo” de la alcaldía de Medellín en cabeza de Daniel Quintero, que desde hace rato viene ultimando cómo será la avanzada para la campaña de Gustavo Petro en Medellín.
Pero una movida de estas magnitudes no puede ser solo la intención de sumar unos cuantos votos en un departamento clave para la segunda vuelta, ¡la movida es clara!, Petro sabe que tiene que ganar en primera vuelta si quiere ser presidente, la entrada de un personaje como Luis Pérez sería normal en una segunda vuelta, donde las maquinarias se mueven para el lado donde creen que pueden ganar, y no hay pudor ideológico que valga. Pero que Gustavo Petro salga a defender públicamente, no de manera soterrada con acuerdos bajo cuerda, una alianza con Luis Pérez en este momento, no es porque le preocupe no pasar a segunda vuelta, con la intención de voto que marca en todas las encuestas, y la base electoral que arrastra del 2018, le basta y le sobra para eso.
Petro sabe que nada de lo que haga va a debilitar su base electoral, su base electoral es rígida y bastante ideologizada, solo basta una explicación de su líder, por más macondiana que parezca, para que su base ceda y trague entero cualquier decisión. Petro también sabe que en este momento no hay ningún candidato fuerte que aglutine a la clase política y que pueda disputarle la presidencia, ahí es donde entra Luis Pérez, que antes que sumarle a Petro, lo que hace es que le resta a los demás candidatos y coaliciones, hace que la clase política le pierda el asco a Petro.
El papel que puede jugar Luis Pérez, si logra la entrada del Partido Liberal al Pacto Histórico, será más determinante que el que pueda jugar, en términos electorales, cualquiera de los actuales precandidatos del pacto histórico: ninguno le aporta nada que ya no tenga Gustavo Petro. Por esto no se nos haga raro ver en los próximos meses a toda clase de políticos tradicionales, de todos los rincones del país, con toda clase de cuestionamientos, volviéndose progresistas y subiéndose al bus de Gustavo Petro.



