Con la llegada de las fiestas decembrinas, muchos olvidamos que hace menos de quince días la ciudad sufrió una de las peores afectaciones por las fuertes lluvias que azotaron a Cúcuta, dejando con serios daños algunos barrios como el 23 de Enero, Manuela Beltrán, Las Carolinas, Villas de San Diego, Valles de Girón y el conjunto Los Arrayanes.
Sin embargo, han pasado casi inadvertidos los graves daños que sufrió la infraestructura escolar y de atención a la primera infancia en el sector de El Rodeo, especialmente el megacolegio Pedro Cuadros Herrera y el CDI Grandes Genios de Paz, que atienden normalmente a más de 1.200 niños y niñas (antes de la pandemia); varios de sus muros fueron derribados por la fuerza del agua y parte de su dotación ha quedado en mal estado.
Ahora bien, se viene un nuevo año, un 2021 en el que se proyecta el retorno a la vida escolar sobre modelos de alternancia y la gran pregunta es si la ciudad de Cúcuta cuenta con la infraestructura y la capacidad para responder a las necesidades y los protocolos de distanciamiento y bioseguridad que se deben implementar en cada plantel educativo.
No es menos grave la problemática para los programas de primera infancia; Cúcuta, con la afectación del CDI Arrayanes, pierde la capacidad de atención para 300 niños entre 0 y 5 años de edad, que se suma a infraestructuras como la del CDI de Cormoranes que nunca entraron en operación y otras que, por el deterioro del tiempo o temas de calidad en su construcción, no garantizan óptimas condiciones para la prestación de los servicios.
En este punto, hay un gran reto para los entes territoriales y las entidades competentes. Si revisamos con detenimiento el caso del Megacolegio Pedro Cuadros Herrera y el CDI Grandes Genios de Paz, su construcción estuvo a cargo de Findeter, la cual se define como “la Banca de Desarrollo que ofrece soluciones integrales para construir territorios sostenibles a través de la planeación, estructuración, financiación y asistencia técnica de proyectos de infraestructura, que mejoran la calidad de vida de los colombianos” (Página web https://www.findeter.gov.co/).
Pese a ello, pudo faltar planeación, ya que no queda claro si la decisión de invertir aproximadamente 11 mil millones de pesos provenientes del Ministerio de Vivienda y del Municipio, en estas infraestructuras de El Rodeo, fue la mejor, dada su cercanía a un caño de aguas negras y a la quebrada Tonchalá, que no contaba con la canalización requerida para haber evitado esta tragedia, pese a que desde 2017 existía un compromiso del municipio para mitigar este problema.
En este punto, es importante que se revise de manera concienzuda cómo proceder con estas infraestructuras. Es imposible pensar en perder la inversión realizada y que los afectados sean los niños del municipio. De manera paralela, urge priorizar las necesidades existentes en instalaciones para los programas de primera infancia, ya que las listas de espera siguen creciendo y las exigencias en cuanto a espacios aumentan por las medidas a implementar para mitigar el contagio por COVID-19.
Los retos que se avecinan no son pocos, debemos prestar una gran atención a los niños, que por su edad viven este inesperado enclaustramiento en sus casas, ausentes de toda actividad lúdica, de divertimento escolar, del contacto con sus compañeritos, etc. El ambiente de todos los hogares puede ser magnífico desde un aspecto familiar, pero los niños echan de menos el ambiente escolar por todo lo que conlleva: afectividad con sus amigos, práctica de deportes y espacios de juego. Por ejemplo, la rutina escolar de un niño es muy diferente a la actividad de cualquier adulto, pues en el colegio tienen mayor actividad física, momentos de recreo, de participación con otros niños de sus edades, de competencia en los logros en la escuela.
“El aspecto que tengan el mundo y la vida en el futuro, es una responsabilidad de todos en la hora actual”, Unicef.



