Cualquier gobierno, en cualquier época, será objeto de cuestionamientos o críticas y para eso deben estar preparados quienes ostenten las diferentes dignidades. Es imperdonable que un gobernante se incomode por ello; su deber es atender las diversas opiniones tanto de sus electores como de sus contradictores.
Un raciocinio sereno y concienzudo de dichas opiniones, debe aportar elementos que pueden servir para enriquecer su agenda y mejorar su desempeño. Obviamente, existen algunas disfrazadas, que llevan dentro intenciones políticas, las cuales hay que revisar sin detenerse tanto, ni mucho menos confrontar para evitar caer en el juego que proponen quienes pretenden que no se avance y sacar provecho de ello.
Hay algo cierto y es que una mala gestión, si es indebida, además, al final, será objeto de reproche legal o en el peor de los casos castigada por el propio electorado. El tiempo pasa la factura y con él, estará ahí el pueblo observando sigiloso, la gente no es boba.
El pueblo analizará lo mucho o poco que fue su culpa, si había impedimentos estructurales que no dejaban actuar, o en últimas, si las circunstancias jugaron en contra para que no pudiera gobernar. En todo caso, es imperativo hacer siempre un poco más en procura del bienestar general.
Por eso hay que oír (con inmunidad al cinismo), hay que revisar, hay que corregir, hay que actuar, enderezar el camino, hay que comunicar y hay que proponer. Se debe utilizar la institucionalidad, deben crearse verdaderos canales de comunicación e interlocución para que la gente esté enterada de lo que hace el gobierno. Imperdonable decir que todo está bien, hay que avanzar, contar con muchos actores, con dirigentes políticos activos, con actores sociales, con empresarios, con académicos, con religiosos, en fin, con todos los que a diario viven la cotidianidad en la ciudad.
Con toda seguridad no puede permitírseles que gobiernen ellos, porque nuestra democracia es representativa, pero sí hay que oír y eso la hace participativa, sin ser complacientes, pero teniendo en cuenta las opiniones, aceptando que la comunidad cucuteña ha madurado, que ya no le meten gato por liebre, elige y no es ingenua.
Por eso no basta con decir generalidades, se debe revertir el mal gobierno, se debe indicar qué se tiene que hacer para enderezar nuestra suerte y para mostrarle al pueblo que hay un gobierno capaz de generar condiciones que permitan lograr el desarrollo que se pide a gritos. Debe ejercerse un liderazgo moral utilizando un léxico sanador para lograr que el ciudadano entienda que tiene derechos, pero también deberes (Art. 95 Superior), que debe enaltecer a su terruño, pero al gobernante le corresponde darle la luz para que encuentre el camino.
Al gobernante le corresponde dar luz o por lo menos no apagarla; al pueblo le corresponde encontrar el camino, ahí está la corresponsabilidad. Si lo encuentra, es por su propio mérito, pero si no, si cae en el intento, no puede echarle la culpa a nadie, no se distrae, se levanta y vuelve al camino o insiste hasta encontrarlo.
Posdata: El pueblo ya eligió y al gobernante hay que dejarlo gobernar, si a él le va bien, nos va bien a nosotros; por eso y por mucho más, no apoyo revocatorias.




1 comentario en “Corresponsabilidad: Para una ciudad mejor”
The discussion on physician burnout and its impact on patient safety is sobering and necessary. – https://www.swissyp.com/pro/fisioterapia-bios/ , This review of pediatric vaccination schedules is clear and helpful for primary care providers. .