DE UN PACTO HISTÓRICO, A UN PASO HISTÓRICO

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La paz y la armonía de una república no se construyen sobre los cimientos e intereses mezquinos de una minoría, ni mucho menos los sueños de un pueblo obedecen a las órdenes y decisiones de corte imperial

La historia y los sueños de los hombres y mujeres libres, alentados por el único deseo de vivir en paz, en armonía con sus semejantes, se forjan al calor del sentimiento de aquellas almas comprometidas con el sentir de su gente.

Nuestro país no puede seguir las directrices o recomendaciones trazadas por un puñado de entidades financieras, recogidas en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, esa misma política que diseñó la delegación del Banco Mundial en los años 40, encabezada por el misionero económico Lauchlin Currie, que edificó el nefasto proyecto criminal del despojo de tierra a millones de campesinos, su tesis ordenaba al presidente de la época, Mariano Ospina Pérez, “considerar que en Colombia había un exceso de población rural y la negación de apoyo en educación al campesino colombiano”, lo que se tenía que hacer era empujarlos a las ciudades y proletarizarlos con el demoniaco interés de industrializar las ciudades, a expensas del sufrimiento de los desposeídos que venden sus fuerzas de trabajo por unos centavos que cada día los convierte en esclavos y no en verdaderos ciudadanos libres haciendo de las ciudades verdaderas moles de miseria.

La política goda y mezquina de Mariano Ospina Pérez se mantiene en la actualidad, un claro reflejo es el actual gobierno de Iván Duque, que se niega a escuchar al pueblo, pero sí atiende las órdenes de su jefe o jefe de su partido Álvaro Uribe Vélez, que nos recuerda a la convulsionada Colombia del 47 dirigida por el jefe del Partido Conservador Laureano Gómez, que exhortaba al subpresidente Ospina Pérez de ceder el poder a una junta militar, siempre optando por la vía represiva ante el justo reclamo de la ciudadanía inconforme.

Las protestas masivas que iniciaron el pasado 28 de abril desempolvaron los libros de la historia y nos permitieron recordarle al gobierno que somos el reclamo y la continuidad de la gran marcha del silencio que encabezó el más grande de los líderes de todos los tiempos, Jorge Eliécer Gaitán, la tarde del 7 de febrero del 48 en la ciudad de Bogotá, y que junto a cientos de miles de marchantes pedían 2 cosas “Paz y piedad para la patria”.

La respuesta del poder oligárquico enquistado fue asesinar a Gaitán ese fatídico 9 de abril de 1948.

Hoy el reclamo es el mismo, Paz y Piedad para la patria, una paz que pare el asesinato de líderes y lideresas sociales, de los Defensores y Defensoras de los Derechos Humanos, de los Defensores Ambientales, que pare el asesinato en contra de los firmantes del acuerdo de paz y piedad mucha piedad para que no se sigan robando el erario público, representados en los recursos de la salud, los recursos de los jóvenes y de todos aquellos programas sociales en favor de la clase menos favorecida, que condena y sigue condenando a millones de colombianos a morir de hambre y enfermedad.

Cierro la columna con una de las tantas frases inmortalizadas de Gaitán: mal aventurados los que en el Gobierno ocultan tras la bondad de las palabras la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia.

Construyamos un verdadero pacto histórico sin resentimiento, sin espacio al odio y al rencor para evitar ser señalados con el dedo por el silencio cómplice de la avaricia brutal y criminal que nos gobierna en la actualidad.

Nerio Luis Mejía

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