Hoy: Sáb, septiembre 5 2026

¿Decisiones valientes o apresuradas?

Nunca el mundo se había mostrado tan frágil en cualquier aspecto concerniente al ser humano. Ya no se trata de esperar el fin de una guerra dependiente de la derrota de algún bando; ahora estamos a merced de un virus que ha retado los tiempos modernos y nos ha generado una incertidumbre jamás vivida.

No pretendo hablar de consecuencias políticas o económicas, ya hay demasiados predictores con esa responsabilidad. Me inquieta más bien el ahora y las prioridades cambiantes que agobian a mujeres y hombres hoy en día.

Puede sentirse el giro conversacional en algunas personas. Muchos se muestran expectantes con el nuevo estilo de vivir, para algunos, liberador y para otros simplemente el recordatorio de las malas decisiones tomadas en el pasado. Es como si la pandemia hubiera despojado las diferentes máscaras que tenemos y nos haya puesto en un punto tan vulnerable que ya no nos queda más que confesar lo que realmente pensamos o actuamos.

¿Me divorcio? ¿Me caso? ¿Importa más mi familia que mi trabajo? ¿Realmente lo que hago me hace feliz? O simplemente ¿Es hora de un cambio? Preguntas cada vez más frecuentes con más valientes respondiéndolas. No podría decir que era necesario una pandemia para originar un ser humano más consciente, pero sin duda, ha sido el punto de partida de una vida nueva para muchos o al menos el intento. Un año realmente iluminador y poco condescendiente con la automática y monótona vida de antes.

Jamás había existido un pretexto tan generalizado en el mundo para ejercer cambios en cualquier ámbito; hay quienes aprovecharon, otros fueron víctimas. Es la representación de nuestros peores miedos convertidos en realidad o el sentimiento de fortuna por tenerlo todo y no darse cuenta antes; o incluso la mezcla amarga que recuerda que nada es perfecto.

Es muy probable que la humanidad sobreviva a este temido enemigo y nos haga enfrentar las consecuencias de nuestros actos durante este año. Considerar lo bueno de la vida también es enfrentar lo que nos hace daño y a veces necesitamos que nuestro cuerpo padezca de un alto estrés para dar paso a revelaciones que en una zona de confort nunca podrían darse.

Es así como pensar en el “yo” del próximo año se ha vuelto una tarea desgastante aún cuando nada está escrito. Lo que antes considerábamos banal podría ser importante y ser parte de un entorno no controlado por nosotros es la dosis perfecta para por fin entender que solo somos dueños absolutos del ahora y no del futuro.

¿Por qué entonces no atrevernos a cambiar en el año más loco de la historia reciente? Al menos tendremos una excusa reflexiva llamada “pandemia”.

Juliana Ramírez Herrera

Profesional en Marketing y Negocios Internacionales
Especialista en Gerencia de
mercadeo de la Universidad Javeriana. Twitter:@juli250

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