Hoy: Sáb, agosto 15 2026

EL DESENCANTO DE LOS PRÍNCIPES, “LA AGONÍA DE LOS ELEGIDOS”

Se acerca el final de los diferentes periodos de gobierno en Presidencia de la República, gobernaciones y alcaldías, llega el momento de las evaluaciones y revisión de los puntos de avance en las propuestas que cada uno de los príncipes tuvo que realizar para enamorar a su electorado o súbditos, muchos de ellos prometieron paz, progreso, desarrollo, cambio absoluto, la derrota de los problemas que el anterior gobernante dejó, nos vendieron la idea de perseguir los fantasmas que el poder pasado legó como herencia, vendrán maquillajes de informes, abundarán las fotografías, documentales y libros, informes llenos de país, departamento y ciudad en el mundo de las ideas llenas de maravillas, de todo lo hecho (más de lo prometido), los que estuvieron en el poder caminarán con anhelo de volver a estar cerca de él, mirarán con determinación que cada uno hizo cosas por las cuales merecen monumentos públicos y recordaciones en los libros de historia; los que perdieron la posibilidad de acceder al poder tendrán listo el derrotero de faltas y culpas cometidas por los regímenes salientes, los egos comienzan a florecer, el desencanto aparece pronto.

Todo lo que está bien, está mal, no hubo mejora en el desempleo, nadie nos dio seguridad, el narcotráfico aumentó, el hambre se pasea por los pueblos y calles, los puentes de concreto no se iniciaron o no se terminaron, los árboles sembrados muchos ya se secaron a falta de agua y mantenimiento, los planes no se midieron  con objetivos concretos y reales, el comité de aplausos ya no suena, y quienes estaban al menos por unos meses cerca del príncipe, ahora lo niegan, comienzan a borrar de sus redes sociales las pasadas fotos de alegría con quienes se mostraban fieles, ya no hay fidelidad alguna, solo era interés, de algo, pero finalmente vanidad humana, comienzan a borrarse los archivos de los elementos virtuales y quizás destruir cartas, oficios, no se contestan las líneas de contacto con la misma rapidez de las campañas electorales y se observa poca gente en la antesala de los príncipes haciéndoles calles de cortesía y honor, solo las deudas pendientes resultan cercanas, los saludos y vítores por aclamación de mesías ya no se escuchan y el príncipe entra en soledad absoluta, busca el refugio en los más cercanos y descubre que muchos estaban cerca de él por puestos, el contrato o por figurar, esos ya no están, los que cometieron adulterio en arrepentimiento denotan que su amante no aparece y que los regalos se esfumaron, todo se acabó, incluso lo que gobernaron, las cifras son crudas, la pobreza y el hambre aumentaron, los cultivos de coca se desbordaron, los kilómetros de pavimento fueron inferiores, la pulcritud y la súper ética solo fueron discursos sin fundamento, los actos bochornosos demostraron que fueron lo contrario y con mayor exacerbación, ya nada es igual, el pueblo espera con atención quién viene ahora, a quién le toca el turno del principado con nuevas esperanzas que terminaran igual o peor de los que van de salida.

La agonía es lenta, dolorosa, cuesta en lo político, en lo social, en lo personal, allá en la intimidad del príncipe se siente solo, aunque haya podido sacar tajada de las joyas del reino no le alcanzarán para recuperar su dignidad, la moral, ya está solo y sin poder, divino poder que en algún momento le hizo olvidar que era mortal y que al final ya sin escoltas, ni camionetas blindadas, ni lagartos detrás, ni aplausos, ni fotos, descubre que era humano, sencillamente ciudadano, que el pueblo les otorgó la histórica posibilidad de cambiar, de darnos aliento, reconocemos que algo hicieron pero sus principados terminaron, quizás estén pensando en dejar un cortesano cercano para que continúe en su ego el legado, pero nada será igual, el destino ya se pronunció, el principado terminó.

Qué cosas suceden una y otra vez sin que hagamos mucho por cambiar, llegó el momento, ya nos lo habían dicho; les comparto a Niccolo Machiavelli en una de sus magistrales obras El Príncipe (fragmento):

“Cuando se trata, pues, de juzgar el interior de los hombres, y principalmente el de los príncipes, como no se puede recurrir a los tribunales, es preciso atenerse a los resultados: así lo que importa es allanar todas las dificultades para mantener su autoridad; y los medios, sean los que fueren, parecerán siempre honrosos y no faltará quién los alabe. Este mundo se compone de vulgo, el cual se lleva de la apariencia, y solo atiende al éxito: el corto número de los que tienen un ingenio perspicaz no declara lo que percibe.

(…)

El príncipe que no sepa ser amigo o enemigo decidido, se granjeará con mucha dificultad la estimación de sus súbditos. Si están en guerra dos potencias vecinas, debe declararse por una de ellas, so pena de hacerse presa del vencedor, sin ningún recurso, y alegrándose el mismo vencido de su ruina; porque el vencedor no podrá mirar con buenos ojos a un enemigo incierto, que le abandonaría al primer revés de la fortuna, y el vencido nunca le perdonará que se haya mantenido tranquilo espectador de sus derrotas.”

LUÍS FERNANDO NIÑO - PHD en Historia y Arte; docente – Investigador Universidad Simón Bolívar Sede Cúcuta y Vicepresidente de la Academia de Historia de Norte de Santander

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