Hoy: Dom, agosto 16 2026

La maldita malicia indígena

Desde la época de nuestros abuelos venimos escuchando que alguien hace gala de su “malicia indígena” para salirle al paso a un problema o a sacarle ventaja a una situación. Pero la realidad es otra: esa famosa malicia indígena no es más que un eufemismo para justificar lo que pasa en el país de los atajos.

La pandemia ha sacado lo peor de nosotros como sociedad. Mientras decenas de indolentes siguen de rumba clandestina, gente de todas las edades sigue muriendo en las UCI. Hasta ahí, digamos que todo normal, dentro de lo que puede llamarse normal en una tragedia como la que nos trajo el coronavirus. Nos seguimos aterrando en Twitter y continuamos nuestras vidas, como si nada. Estamos habituados a eso.

Pero bastó que comenzara el proceso de vacunación para que cayéramos todavía más bajo; el episodio del médico que en Bucaramanga se vacunó contra la Covid y presumió orondamente su logro en redes sociales, es el ejemplo clásico de la tristemente célebre malicia indígena.

Según muchos observadores, si se vacunó, fue porque, probablemente, se saltó la fila, y para ello, dicen, debió tener ayuda de alguien y, lo que es peor, si lo presumió sin tapujos, es porque, muy en el fondo, tiene la tranquilidad de que, más allá del ruido en redes sociales, no le va a pasar nada; en este país adormecido nos acostumbramos a hacer trampa tan fácil como a dar la mano. Aquí la justicia no cojea ni mucho menos llega.

Pero la lectura de este episodio va más allá: Al cierre de esta columna, había 16 vacunas perdidas de las que nadie daba razón pese a los rimbombantes anuncios de “investigaciones exhaustivas” de los entes de control.

Todos sabemos que no van a aparecer, pero el que se quedó con ellas sí sabe para qué sirven, sabe que hay alguien que podría pagar por debajo de cuerda para inmunizarse, sabe que esas vacunas “tienen cliente por ahí”, sabe que en el país donde todos “comen callados” existe alguien dispuesto a pagar unos pesitos, para luego presumir en privado -y hasta en público- que ya no le teme a la Covid porque se vacunó gracias a su “malicia indígena”.

¡Qué pena con los Motilones y con los Guanes! ¡Qué vergüenza con los mamos de la Sierra Nevada o con los Nukak Makú. ¡Nada justifica que los asocien con ese estúpido concepto de viveza! Nuestros indígenas, sin temor a equivocarme, no eran maliciosos, y si lo eran, no fue para hacer trampa.

Pero, de vuelta a nuestros tiempos, esa mal llamada malicia indígena seguirá campeando sin misericordia mientras tengamos el lentísimo proceso de vacunación. Entre más se dilate, más campo habrá para que muchos expíen su pecado en ella, usándola para justificar lo injustificable.

Un cálculo a vuelo de pájaro. El gobierno aspira a vacunar 35 millones de personas, en teoría, a razón de un millón mensual, para obtener la inmunidad de rebaño. Suponiendo que se las vendan, suponiendo que se las traen a tiempo, suponiendo que la logística no falla, suponiendo que todo funciona como un relojito, estamos hablando de mínimo 3 años de proceso de vacunación.

Todos sabemos que eso no va a pasar. Todos sabemos que ni el ritmo de producción ni la demanda mundial de las vacunas, ni la capacidad de gestión del gobierno, pondrán un millón de dosis en el país cada mes.

En ese mundillo oscuro de las farmacéuticas, también se estila “el truquito y la maroma”, como cantó el gran Henry Fiol. Prepárense porque serán más de los 3 años de esos cálculos alegres.

Así que imagínense cuántos episodios de “malicia indígena” tendremos que presenciar mientras esperamos pacientemente a que la EPS nos notifique que nos llegó el turno. Nos vamos a cansar de ver en los noticieros centenares de denuncias.

Pero hay que sincerarse: No va a pasar nada. Será una anécdota más. Será un ‘run run’ de WhatsApp, se volverá paisaje, porque en el país del “¿usted no sabe quién soy yo?”, todo funciona así, porque en este país nos acostumbramos a que “el vivo vive del bobo”.

Si no, pregúntenles a los corruptos señores de Odebrecht, a los del Cartel de la Toga, a los de la Ñeñepolítica, o a los señores de la Federación de Fútbol, los mismos que nos demostraron en nuestras propias narices lo fácil e impune que es vivir sin apuros y a sus anchas a punta de malicia indígena.

Permiso.

"Fulano de tal"

3 comentarios en “La maldita malicia indígena”

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