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¡No nos moverán!

A la fecha de publicación de este artículo, hoy 28 de mayo, se ha cumplido ya un mes de paro nacional. Un mes de un paro como no se había visto en muchas décadas, no solo por la grandeza de las movilizaciones, o por la constancia de las marchas, sino también por los logros y el enorme precio que hemos pagado como sociedad civil al conseguir esas conquistas.

Miles de ciudadanos que, siendo obreros, trabajadores, campesinos, estudiantes, indígenas, enfermeros, abogados, comerciantes y transportistas, siendo gentes que son el motor económico de esta nación, las clases populares y proletarias, han salido a la calle a luchar por sus derechos, a luchar por su presente y su futuro; a decirle al gobierno que no deben creerse monarcas o jefes supremos, porque el único que manda en este país es el pueblo y los miembros del estado no son más que meros funcionarios públicos, servidores del pueblo.

Ante una reforma tributaria que amenazaba con arrastrar al hambre a más colombianos de los que ya padecen hambre, en un país donde 179.174 hogares solo comen una vez al día; donde unos impuestos abusivos a las clases populares pretendían escurrir hasta el último centavo de los bolsillos de los colombianos, en un país donde la pobreza alcanza los 21 millones de personas y 7,4 millones en pobreza extrema (42,5% de la población del país), donde una reforma amenazaba con aumentar la brecha entre pobres y ricos, en el país más desigual de América latina; ante ese horror impositivo salieron a luchar valientemente las clases populares que armados con el coraje de saber que luchaban por algo más grande que ellos mismos. Y lo que muchos creían que sería un paro aislado, de un solo día (como ya nos tenían acostumbrados los sindicatos y las centrales obreras) estalló en una manifestación multitudinaria que cubrió a todo el país y que de forma indefinida se alzaba en pronto vuelo hacia la memoria colectiva del pueblo como un hecho glorioso.

Se logró hundir la reforma tributaria; en aquel instante el pueblo había ya sentido una muestra de la dignidad y el poder que poseen cuando hacen valer y respetar sus derechos, se habían sumado nuevos objetivos de lucha a este paro, pedían la renuncia del ministro de Hacienda, quien había fraguado ese atentado a la capacidad adquisitiva del pueblo. Tiempo después renunciaba Alberto Carrasquilla, entonces el paro buscaba hundir la reforma a la salud y a continuar su lucha social. Todos como colombianos ya sabemos qué pasó con la reforma a la salud, y con la canciller Claudia Blum, con el Alto Comisionado para la Paz, el general Juan Carlos Rodríguez, comandante de la Policía Metropolitana en Cali y de otros tantos miembros del gobierno.

Después de un mes de lucha continuada, el pueblo activo y consciente ha puesto a temblar al despotismo gubernamental y la corrupción de los funcionarios públicos, pero como ya lo ha dicho el profesor Kenny Sanguino Cuéllar en la columna de opinión del 21 de mayo, cuando citaba al profesor Mauricio García Villegas “… padecemos un exceso de orden autoritario y un déficit de orden legítimo…”, como todos esperábamos pero deseábamos que no ocurriera, la respuesta del Estado no fue el diálogo ni el entendimiento, sino la represión mediante la violencia contra los manifestantes; actitud propia de las dictaduras, de los estados autoritarios o de los gobiernos despóticos, porque cuando el poderoso está en el poder de manera ilegítima, no conoce otra salida a los problemas que aquella de la eliminación del contrario.

Con excusas miserables, como si de un paranoico con delirio de persecución se tratara, el gobierno argumentaba que no existía una protesta legítima contra los errores y horrores cometidos por el Estado, sino que era una acción terrorista coordinada contra “el mejor gobierno de Colombia”. Con esa excusa lamentable daban rienda suelta a las hordas de policías y paramilitares para reprimir a un pueblo noble y abnegado. Ríos de sangre han corrido por todo el país desde el 28 de hace un mes, todos hemos visto los ataques y hemos visto las víctimas, hemos visto como esos que se hacen llamar gente de bien y los miembros de la fuerza pública atentaban con armas de fuego contra los manifestantes, como la violencia se ha desbordado desde el Estado y cómo han intentado callar mediante el miedo y la amenaza, como lo lleva haciendo el Estado muchos años, desde tiempos inmemorables.

Como ciudadanos debemos tener tres consignas claras a la hora de salir a exigir nuestros derechos: 1) La violencia y las vías de hecho no solucionan los conflictos que vivimos, debemos rechazar cualquier forma de violencia que lo único que hace es reforzar la posición enemiga. 2) Debemos entender que nuestra lucha no es contra los policías de a pie, o contra unos pocos individuos en el poder, sino contra un sistema corrupto y podrido como lo alertaban Álvaro Gomez y Luis Carlos Galán. Y 3) Debemos seguir firmes en nuestros ideales y expresar con total orgullo que ¡No nos moverán!, sin importar cuánto cueste y cuánto tarde, el pueblo es superior a sus dirigentes y debe construir comunalmente el destino de su propia patria.

A un mes de lucha y sufrimiento contra el despotismo gubernamental debemos entender que no solo es en la calle donde el pueblo se manifiesta, sino también en las urnas electorales; Gaitán ya lo decía hace casi un siglo: “El voto es una herramienta de lucha” porque no importa qué tantos corruptos existan, qué tantos votos compren, si USTED Y QUIENES LE RODEAN, salen a votar, sin importar si es por uno u otro candidato, las maquinarias políticas no podrán frenar el resultado. Pueblo de Colombia, debemos entender que no es únicamente marchando contra los malos gobiernos como solucionaremos el país, sino evitando que surjan esos malos gobiernos como podremos salir adelante.

Hay un gran camino por recorrer hasta lograr renovar la situación de nuestro país, no crean que esta situación se solucionará con una presidencia o un gobernante diferente, nosotros como pueblo debemos esforzarnos, aprender sobre la político y despertar interés en los demás ciudadanos para que nos sean indiferentes con la política, debemos hacer real esa democracia participativa que establece la Constitución y debemos hacer esfuerzos para poder constituir una democracia directa y unos órganos de control más activos y más independientes. Que sea este el despertar de un pueblo digno, noble, leal y valeroso para una Colombia futura. Este es apenas un amanecer del pueblo colombiano, aun tenemos todo el día por delante.

Termino expresando mi condena a los actos violentos llevados a cabo en el último mes, sin importar su origen, su motivación y sus víctimas, todos son actos repudiables propios de sociedades retrógradas y cavernícolas, no de esta sociedad colombiana que, aunque muy imperfecta, camina firmemente en la construcción de una paz y un futuro democrático en un estado social de derecho.

Juan Esteban Ardila

1 comentario en “¡No nos moverán!”

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