El portal La silla vacía publicó el 24 de mayo una terrible imagen que resulta ser el mejor argumento para aceptar la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a Colombia. En la imagen se puede observar el número de homicidios que tres instituciones diferentes asocian con las manifestaciones del paro nacional que inició el 28 de abril: la Fiscalía ha confirmado 17 homicidios; Human Rights Watch, 24 homicidios; y Temblores ha verificado 43 homicidios.
Estos datos, por sí solos, representan una verdad atroz de lo que somos. Sin embargo, no nos ofrecen una visión cercana de quienes padecieron la violencia durante estos días, pues el vértigo de información y los excesos de realidad impiden formarse una perspectiva más o menos reposada de cada una de estas personas, en su individualidad, en su entorno familiar, integrándolas al mundo que pertenecían y del que fueron terriblemente arrebatadas. Por ello, resulta necesario que el estado colombiano permita la visita de trabajo de la Comisión, cuya labor es monitorear permanentemente la situación de derechos humanos en los países latinoamericanos.
Hay que advertir que no solo se han denunciado homicidios, sino también casos de violencia policial y contra la policía; detenciones arbitrarias por parte de policías y de civiles; disparos con armas de fuego de uniformados y de ciudadanos en su contra; mujeres policías y mujeres marchantes víctimas de violencia sexual. Y por esto también es importante que la Comisión Interamericana sea aceptada por Colombia, pues es necesario saber qué pasó, contrastar versiones y recolectar pruebas lo más pronto posible.
Alguien podría objetar la visita de la Comisión a Colombia manifestando que aquí ya existen organismos encargados de investigar lo que ocurrió, como la Procuraduría y la Fiscalía, y que no es necesario sumar más instituciones. Estoy en desacuerdo con quienes así piensan por tres razones. En primer lugar, por independencia, pues quienes hoy dirigen la Procuraduría y la Fiscalía trabajaron para el gobierno hasta hace unos pocos meses y es ese gobierno, precisamente, el que rechazan una gran parte de las personas manifestantes. En segundo lugar, porque las investigaciones de los organismos de control pueden avanzar sin ningún contratiempo mientras se realiza la labor de monitoreo por parte de la Comisión. Y, finalmente, porque el trabajo de la Comisión no es señalar culpables, sino verificar la situación de derechos humanos en las ciudades donde la violencia ha sido permanente.
Estanislao Zuleta alguna vez dijo que nada es tan doloroso como la muerte de un hombre que busca, que no está definitivamente instalado, sino que es alcanzado en plena marcha. Por eso, permitir la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a Colombia es un paso importante para reconocer a esas personas que han sido víctimas de las violencias en estos días aciagos, de quienes no se tiene información detallada y que fueron alcanzadas a mitad de camino. Hay que evitar a toda costa que las violaciones a los derechos de la humanidad caigan en el olvido de estadísticas infames; la Comisión puede ayudar a Colombia en esa difícil y necesaria tarea.



