Hoy: Jue, octubre 1 2026

El mundo me importa poco

Esta frase de la vieja ranchera de Antonio Aguilar, parece marcar la actitud expansionista que vienen asumiendo los carteles mexicanos. Para el caso colombiano, las relaciones de la ilegalidad con los mexicanos no son nuevas, sin embargo, en este momento exponen elementos que preocupan mucho más. Contrario a lo que creen algunos sectores políticos y sociales pendencieros y los grupos delincuenciales que se justifican, el problema del tráfico de drogas en cualquier punto de su cadena no es culpa del otro. Lastimosamente estamos asistiendo a una sociedad que en cualquier punto colabora o se ve beneficiada por los réditos del negocio de las drogas, desde el cultivador hasta el que desde las ciudades se encarga del lavado de activos; y esa complicidad soterrada con este negocio ha traído a nuevos “socios estratégicos” para la ilegalidad colombiana. Los carteles mexicanos entran de múltiples maneras a participar en la cadena de valor de las drogas en Colombia, desde la inversión directa en cultivos y el manejo de la producción, así mismo las autoridades sospechan que están detrás de la aplicación sistemática de la violencia, acometiendo masacres con el fin de disputar zonas de control y manejar de manera más eficiente sus negocios en el país, a la vez que eliminan enemigos e imponen su autoridad.

Ahora bien, ¿por qué Colombia? ¿por qué estos carteles? ¿quiénes son sus aliados? Para responder la primera pregunta, hay que darse cuenta de la cercanía geográfica entre Colombia y México, y la posibilidad de tener rutas rápidas y relativamente sin control, no tanto por el Caribe, pero sí por el Pacífico desde Nariño o Chocó hacia estados como Sinaloa, Baja California, o Guerrero; por señalar algunos donde se instalan grandes carteles que se han acercado al país. Otro componente es la posición de Colombia, los dos océanos y la posibilidad de tener “bases” en Suramérica, lo que a la vez les permite ampliar rutas hacia países del sur del continente, y proyectar nuevas rutas por el Pacífico hasta Asia y por el Atlántico hasta África, si se analiza con visión estratégica global. Frente a la segunda pregunta, se puede decir que, en la guerra de carteles al interior de México algunos han logrado sobresalir mientras que otros se han transformado o han sido casi extinguidos, así entonces carteles como el de Sinaloa o Jalisco Nueva Generación (CJNG) han logrado expandirse a partir de la lucha con otros y salir adelante frente a la persecución de las autoridades, por supuesto la falta de liderazgo del presidente López Obrador frente a este tema ha sido evidente. Atrás quedaron carteles como el del Golfo (el de México, no confundir con el Clan), los Zetas, otros están debilitados como el de Tijuana.

Respecto a la tercera pregunta, en Colombia sus aliados son todos aquellos que quieran negociar con ellos, las disidencias de los acuerdos en Colombia, tanto de las autodefensas como de las FARC o el EPL, grupos que ven en estas alianzas la posibilidad de mantener un poder económico para continuar con algunas actividades insurgentes, a la vez convirtiéndose en carteles en sí mismos. También se fortalecen el Clan de Golfo o los Caparrapos. También hay que tener en cuenta la figura del “empresario exitoso” el delincuente de cuello blanco que se encarga de otra parte del negocio, el lavado de activos, casos como el de Salomón Korn son dicientes de estos otros tipos de delincuente que actúan en consonancia.

En este panorama no nos podemos llamar a engaños, los discursos políticos con los que estos grupos pretenden encubrir sus actividades obedecen a retóricas de engaño con los que pretenden convencer a la opinión pública de su actuar con la motivación de una “justicia reivindicativa” lo que existe de fondo es el negocio de las drogas y su interés de mantenerse y expandirse. La expansión apenas comienza.

Henry Cancelado

hcancelado@hotmail.com

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