Cúcuta, una ciudad sitiada por el miedo, el hampa y los crímenes.
No es necesario ser experto para decir que el éxito de una sociedad consiste en lograr estimular el emprendimiento y establecer un estado de derecho que genere sensación de seguridad y justicia.
En Colombia, la seguridad regional es responsabilidad de sus mandatarios: establecer un programa que brinde seguridad a sus ciudadanos y exigir que se cumpla.
En elecciones de gobernadores y alcaldes son pocos quienes brindan importancia al tema de la seguridad. Probablemente creen que ese tema le corresponde al gobierno nacional, cuando compete principalmente a la órbita regional.
Algunos ciudadanos me escriben para que solicite ayuda para mejorar la seguridad en nuestra región, seguridad que ha sido deteriorada hasta niveles jamás vistos y vividos.
Como ciudadano, tiendo a pensar que los mandatarios que hemos elegido no dimensionan la importancia de la seguridad. Quizás porque antes de ser electos, jamás vivieron momentos de zozobra, posiblemente desconocen que la seguridad es una variable sumamente importante en el desarrollo de la economía, o sencillamente son unos indolentes con la región y con la importancia de asegurar las dos unidades de valor (seguridad y emprendimiento), que permitan lograr el desarrollo que pretende toda región.
Considero que el programa de seguridad debe tener en cuenta lo siguiente:
- Cárceles municipales, con el fin de llevar a los sindicados para evitar que, por falta de capacidad carcelaria municipal, sean los jueces quienes, ante la imposibilidad de trasladarlos, generen impunidad o falta de aplicación de justicia.
- Construir una Unidad Permanente de Justicia, conocida como UPJ, para detener temporalmente por contravención a las personas que violen el Código de Policía.
- Actualizar tecnológicamente a la Policía y a la Secretaría de Seguridad para aumentar su eficacia y confianza ciudadana.
- Generar políticas de confianza y participación ciudadana, para que disminuya el miedo a la hora de realizar una denuncia.
- Hacer uso de la reglamentación sobre el “soldado multimisión”.
- Apoyar la tecnología que existe sobre patrullajes aéreos con drones para mejorar la seguridad, como lo han hecho en otras ciudades como Medellín, Bogotá y Cali. Esta tecnología es posible en términos económicos.
Estas acciones inmediatas evitarían que el hampa arrodille la institucionalidad. La región necesitaba (más que populistas y pontífices), protectores, caballeros que en armonía con el Gobierno Nacional combatieran el crimen en todas sus dimensiones, ya que esta crisis vandálica se avizoraba.
De hecho, ya existen sectores en los que el hampa impone el miedo y sus condiciones. Es decir, “republiquetas independientes” que afectan en el corto plazo la economía y producen abandono de sus viviendas. Con esta desbandada, nos convertiremos en Detroit, en Estados Unidos: una ciudad inviable. Porque ocurre algo aún peor, y es que cuando el Estado y sus instituciones no hacen presencia, es la propia justicia de la sociedad la que se impone, como sucede en algunos barrios de nuestra ciudad.
Ojalá nuestros mandatarios reflexionen y establezcan programas de seguridad que nos permitan en un futuro decir que no nos equivocamos en elegirlos a ellos como los caballeros del progreso.



