La legitimidad de la Comisión de la Verdad

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La Comisión de la Verdad dio un paso importante en el cumplimiento de su misión institucional al escuchar el relato del expresidente Álvaro Uribe sobre el conflicto armado. El principal logro de este encuentro es la legitimidad que continúa sumando la Comisión en el difícil camino que conduce a conocer las causas del conflicto mediante un proceso de participación amplio y plural. En esta ocasión haré énfasis en tres lecciones aprendidas y en tres conclusiones relevantes para la discusión pública que dejó esta reunión.

La primera lección es que las condiciones técnicas deben ser óptimas para que el registro del relato se cumpla sin ningún percance. Esto es algo que, seguramente, el equipo de apoyo debe conocer pero que no pudo cumplirse de la mejor forma. En segundo lugar, hubo factores externos que afectaron la conversación entre el expresidente y los comisionados. Por ejemplo, el exceso de personas en el lugar donde se estaba hablando de un tema esencial hizo que la fluidez del relato se viera interrumpido en varias ocasiones, así como también generó distracciones el exceso de ruido de los animales en una casa de campo. Inclusive, hubo tiempo de escuchar el berrinche y las vulgaridades de uno de los hijos del expresidente. La solemnidad en exceso y los ritualismos ceremoniosos suelen ser innecesarios, pero en esta ocasión hizo falta unos mínimos de formalidad que evitaran la dispersión del tema fundamental. Finalmente, no quedó claro el orden de las intervenciones de los comisionados y esto se debió, entre otras cosas, a que el expresidente interrumpió a sus interlocutores en varias ocasiones generando momentos de tensión en los que se echó de menos un procedimiento que hiciera posible la conversación. Por fortuna, esto se logró superar, pero es elemental evitar a futuro estas situaciones.

Ahora, la primera gran conclusión del encuentro es que en un país con profundas grietas es cada vez más importante poder conversar con personas que piensan distinto a nosotros. Nada más y nada menos que la promesa del pluralismo. Podrá pensarse que esta es una visión ingenua, pero la conversación entre el expresidente y tres de los comisionados, que tienen la tarea de esclarecer los patrones y las causas del conflicto, era algo que pocas personas veían posible. Inclusive, el propio expresidente, quien no había reconocido antes la legitimidad de la Comisión, terminó haciéndolo al final del evento.

La segunda conclusión está relacionada con las palabras de Francisco de Roux cuando insistió en que el expresidente tiene una innegable autoridad política y un liderazgo social determinante en la reconciliación del país. Estas palabras no cayeron bien en algunos líderes que entregaron sus armas y lanzaron duras críticas. Sobre esto, habría que resaltar lo difícil que es pensar en una reconciliación sin el trabajo conjunto de esos colombianos que aún desconocen el Acuerdo de Paz por cuenta de los resultados del plebiscito del 2016. No obstante, el expresidente pidió dejar este tema en una zona gris, en una zona donde puede haber lugar a futuros consensos, a pesar de que era una postura inflexible hasta hace poco tiempo. Esto es un avance significativo en un punto clave del acuerdo: la refrendación.

Finalmente, el expresidente aceptó sumarse a la reconciliación si se cumplen dos condiciones: “sacar las fuerzas armadas de la JEP y aquellos responsables de delitos atroces o delitos contra los niños que no estén en el congreso”. Creo que estas palabras merecen analizarse, explicarse y debatirse porque admiten múltiples interpretaciones. Aunque más allá de esto, queda claro que las objeciones planteadas durante estos años al acuerdo con las extintas FARC quedaron reducidas a estos dos puntos.

Muchos defensores del acuerdo podríamos objetar estas dos condiciones de antemano, pero insisto en que deberían analizarse, explicarse y debatirse, pues a pesar de que hoy se plantean como inamovibles, es posible llegar a futuros consensos sin deformar la columna vertebral de la justicia transicional. Seguramente es difícil, pero quienes piensan que es imposible, deberían recordar que, al inicio de las negociaciones en 2013, las FARC pretendían cambiar el modelo económico, discutir los TLC, cambiar el sistema electoral y los sistemas de escogencia de los jefes de los entes de control, y modificar la estructura de las Fuerzas Militares. Sabemos que eso no ocurrió, pero esas eran unas condiciones que se planteaban como requisitos indispensables para continuar en la negociación.

Guadalupe Nogués afirma que es probable que tengamos más en común con quienes piensan distinto pero están dispuestos a conversar que con aquellos que comparten alguna opinión con nosotros pero son intolerantes. Solo cuando buscamos el pluralismo, afirmamos el disenso y escuchamos a quienes piensan distinto, es cuando aparecen los consensos. Y es precisamente esto lo que legitima a la Comisión de la Verdad y el informe final que se construirá a partir de los miles de relatos de quienes prefirieron dialogar.

Kenny Sanguino Cuéllar

Profesor investigador Universidad Libre de Colombia – Seccional Cúcuta

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