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Matando Elefantes

‘Matar a un elefante’ es un ensayo escrito por George Orwell en 1936.  En este relata la experiencia de un policía británico en Birmania que recibe una llamada de alerta porque un elefante estaba atacando una pequeña aldea. En el camino hacia el caserío, recibe diferentes reportes de los aldeanos que describen a un elefante peligroso y enfurecido que se le había escapado a su domador y había hecho estragos, sembrando pánico en la población.

Ante esto, el policía solicita un rifle y prepara la búsqueda del animal, que ya no se encontraba en la aldea. Al ver al policía con el rifle, los pobladores se emocionaron pensando que el policía iba a matar al elefante. Multitudes lo siguieron en medio de algarabía. El policía en realidad no tenía intenciones de matar al mamífero, solo había pedido el rifle para defenderse si llegaba a ser necesario. Cuando encontraron el elefante, este estaba pacíficamente comiendo pasto en el campo. El policía sabía perfectamente que el peligro ya había pasado y que no tenía ninguna justificación dispararle. Además, el elefante era un elemento importante de trabajo que tenía un valor económico. Los elefantes macho tienen un período anual en el que sus hormonas se incrementan de tal forma que los hace irascibles y agresivos. Por lo observado, ya este período había pasado. El buen criterio del policía indicaba que había que simplemente esperar a su domador e irse de la aldea. Sin embargo, habían llegado más de dos mil pobladores que esperaban que matara el elefante. El policía sabía que si no complacía los deseos de los aldeanos, lo criticarían y se burlarían de él. Finalmente, por el simple interés de complacer al pueblo y ganarse su simpatía, el policía actuó contra lo que creía era la respuesta apropiada y mató al elefante.

Lamentablemente, matar elefantes parece haberse vuelto norma en el contexto político nacional. En todo el espectro brillan propuestas anti-técnicas, inconvenientes e insostenibles, pero populares. Desde la “derecha” proponen primas extras que beneficiarían a una minoría empleada formalmente, en detrimento de la mayoría que trabaja informalmente o está desempleada. Desde el centro proponen programas de transferencias monetarias no condicionadas como si no existieran restricciones presupuestales. Desde la izquierda, insisten con proyectos de ley que buscan subir impuestos a empresas y personas a niveles que simplemente desestimularían la inversión e incentivarían salidas de capitales. Al unísono proponen medidas para encarecer/restringir las importaciones o para eliminar información crediticia, acciones que intuitivamente son respaldadas por el público pero que sin duda juegan en contra de las mayorías. Pareciera que lo único importante fueran los aplausos de la multitud, traducidos en votos en las siguientes elecciones.

Mientras se enfocan esfuerzos en ganar popularidad, se evitan discusiones necesarias pero incómodas, como la reforma pensional que frene la alta regresividad que hoy tiene el sistema, la reforma laboral que tenga en cuenta el mundo real de Colombia donde la informalidad bordea el 50%, la reducción del tamaño del Estado que se duplicó en los últimos 30 años o el cambio de enfoque tras el fracaso estrepitoso en la guerra contra las drogas. El reto de superar los efectos catastróficos que está dejando la pandemia en distintos escenarios podría servir de base para reorientar las prioridades. Ojalá no sigamos matando elefantes.

Juan Diego Peña Canal

4 comentarios en “Matando Elefantes”

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