Hoy: Sáb, agosto 15 2026

¿Y qué pasará con el turismo en Norte de Santander?

Después de muchos intentos por posicionar el departamento como destino turístico, son evidentes los pobres resultados. Hecho frustrante al tener en cuenta los años “gloriosos” del sector para diferentes lugares de Colombia. Es entonces válido plantear el siguiente cuestionamiento: Sin pandemia no fuimos capaces, ¿lo haremos ahora?

Si preguntáramos a los expertos del sector sobre la obligatoriedad de todos los destinos para tener vocación turística, se generaría una discusión provechosa y pertinente para entender si realmente el turismo es lo “nuestro” o conviene invertir fuerzas y recursos en otros renglones productivos. Suena radical; aún así debemos hallar causas a su fracasado despegue en la región.

A nivel global, no hay duda del impactante golpe que sufrió el sector tras la aparición del COVID-19. A pesar de ello, el turismo es tan solo un león dormido, pues su fuerza radica en la necesidad humana de conocer y explorar nuevos lugares. ¡Somos seres sociables y curiosos!

Así que sigamos intentándolo. Partiríamos de nuevo con la construcción de un plan incluyendo las nuevas tendencias “Post-COVID”. Sin duda, trabajaríamos incansablemente para sacar a relucir un destino marcado por la guerra y el narcotráfico en la mente de los viajeros, exasperados por vivir nuevas experiencias.

Que inoportuno es seguir dándole vueltas, dirían algunos incrédulos. Y si, en parte tienen razón. El turismo no solo sobrevive a partir de una buena planeación y la interlocución de sus actores; es necesario tener un ambiente propicio para su configuración. Escenario un tanto inasequible cuando no hay correlación directa entre las problemáticas de la región y su probabilidad de éxito.

Se ha escrito mucho sobre el potencial de los sitios, la belleza de los paisajes y nuestra enigmática cultura motilona. Es clara la abundante teoría al respecto, pero vendernos como un departamento turístico sin alivianar las dificultades en materia de seguridad, el masivo éxodo migratorio de venezolanos, la poca experiencia de los representantes del sector y la corrupción que no deja avanzar diferentes proyectos -por no nombrar más- solo deteriora la idea de que algún día el turismo pueda ser un importante rubro en la economía nortesantandereana.

Pues bien, hay que leer en contexto nuestra vocación turística. No podemos seguir inventariando el departamento sin conocer el mapa completo de la experiencia de un turista en el territorio. No basta con saber cómo llegar, dónde dormir y qué hacer. Los gobernantes y actores privados del sector deben trabajar cada punto del plan con base en el entorno. Es concluyente entender que un producto turístico debe ser afín al ecosistema político, económico y social de un lugar.

Cabe aclarar que no se necesita tener un departamento carente de aprietos para lograr ser reconocidos como lugar turístico. Con nuestra realidad, se debe concebir el turismo como consecuencia gradual y no como causa absoluta del progreso en lo que tanto agobia a la región.

Juliana Ramírez Herrera

Profesional en Marketing y Negocios Internacionales
Especialista en Gerencia de
mercadeo de la Universidad Javeriana. Twitter:@juli250

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